Muchos de los estudiantes, una vez reciben sus resultados de los exámenes de Selectividad o P.A.U. (Pruebas de Acceso a la Universidad) comentan que el de Selectividad es el examen más sencillo de Bachillerato. Razón no les falta.
Los estudiantes que superan segundo de Bachillerato tienen un gran camino recorrido. En teoría ya saben todo lo que necesitan para afrontar estas pruebas y sus conocimientos son los necesarios para proceder a prepararse los diferentes exámenes.
En 2008, resultaron aptos el 85.95% de los alumnos presentados en la Comunidad de Madrid. Las dos notas más elevadas correspondieron a una alumna de un Colegio de Alcobendas, Colegio Base, y a un alumno de un Instituto público de Madrid (IES Gran Capitán). Sus notas fueron respectivamente 9.94 y 9.92
Muchos de los alumnos que realizarán las pruebas este año, entrarán dentro de ese porcentaje de aprobados, elevado, pese a ser casi 2.5 puntos porcentuales menor al de 2007.
¿Qué variables intervienen a la hora de hacer que un estudiante se encuentre entre la gran cantidad de aprobados y la minoría que no logra el apto?
Podríamos establecer diferentes categorías. La primera de ella serían aspectos relacionados con los estudiantes y con la organización el estudio. Cada alumno debe ser consciente del camino que ha recorrido, duro en casi todas las ocasiones, con muchos exámenes a lo largo del año, trabajos que realizar, libros que leer, tardes enteras para estudiar y realizar ejercicios y, ahora, todo está estudiado, todo está leído, todos los ejercicios bien resueltos y, lo más importante, segundo de Bachillerato aprobado. Es el momento de darse cuenta de que el camino ya está andado y ahora sólo queda pasar por este trámite, aunque nadie debe olvidar que éste debe ser preparado.
Cada alumno debe tener claro qué exámenes va a realizar y prepararlos a conciencia. En las materias teóricas una buena ayuda es la de resúmenes de cada Unidad Didáctica en un par de folios por las dos caras. Acompañando a éstos una hoja con un esquema sobre los puntos a desarrollar para tener bien claro cuáles son los pasos a seguir de cara al desarrollo de la pregunta que se realice en el examen de Selectividad. En lo referente a las materias más prácticas (sobre todo las de ciencias) conviene hacerse, además de los resúmenes ya comentados, una buena agenda de fórmulas, un detallado esquema de procesos para la resolución de problemas, esquemas de decisión etc., y para ambas, las teóricas y las prácticas, un cuaderno de dudas, en el que la página izquierda sirva para exponer la duda, de la forma más gráfica posible, y la de la derecha para presentar la solución extremadamente desarrollada y muy clara. Ya no se trata de aprender, se trata de preparar el examen y ésta es una buena forma de hacerlo. Para que haya tiempo para abordar todas las materias, pues los contenidos son amplios, es fundamental contar con una agenda que organice el día a día, y un cronograma con los días que restan hasta las pruebas. Lo primero es realizar el cronograma. Se debe partir el día en dos partes, mañana y tarde. Sería recomendable, a su vez, dividir la mañana en dos grupos de dos horas, y la tarde en otros dos grupos de dos horas y media cada uno. En ellos se distribuirán las materias. Para la asignación de tiempos, es preciso contar con una hoja en la que se detallen todas las asignaturas a las que se va a presentar a modo de columnas, y escribir los títulos de los temas a modo de filas. Una vez realizado este proceso, conviene llevar a cabo una distribución lógica en función de la complejidad de cada uno de los temas y de las asignaturas a lo largo de los diferentes tiempos de estudio planificados en las mañanas y en las tardes. Conviene que, cada dos días, se reserve uno de los huecos al repaso. Ir repasando lo visto anteriormente sirve para fijar mejor las ideas principales y el discurso a desarrollar, al igual que para aclarar procedimientos de resolución de problemas.
Ya con el cronograma completo, es conveniente escribir en la agenda qué se va a hacer cada día. Vendría a ser una ampliación de lo expuesto en el cronograma. Evidentemente, no debe quedar en una mera declaración de intenciones imposibles de llevar a cabo, sino en propósitos factibles que se cumplirán.
Y ahora sólo queda ponerse a trabajar. Es importantísimo que los tiempos de trabajo no sean muy largos. Conviene cada, aproximadamente 55 minutos, aunque esto depende del ritmo de trabajo de cada uno, realizar un pequeño descanso de, entre 5 y 10 minutos. Nunca se debe sobrepasar una hora y media seguida. Los descansos son una parte crucial. Muchas formas de descansar, agotan más que otra cosa. Sirva de ejemplo el uso de videoconsolas, que excitarán al estudiante y le devolverán a su mesa de trabajo más nervioso. Además incrementará su fatiga ocular. El uso de los ordenadores tampoco es recomendable, pues el acceso a las redes sociales o a sistemas de mensajería instantánea hará que el descanso sea más largo de lo previsto y despiste al estudiante. Lo mismo sirve para la televisión. Dar un paseo por la casa, aprovechar para realizar una pequeña merienda, muy ligera, o charlar con algún familiar son las mejores opciones para un buen descanso. Es importante ser estricto con los tiempos de descanso. Una vez finalice el previsto, se debe volver inmediatamente al trabajo para cumplir el horario.
El tercer y el segundo día antes de las pruebas deben dejarse para el repaso final, que también debe estar estructurado a priori. El último día es el mejor para relajarse, darse una vuelta con los compañeros o familiares y descansar. Es conveniente no dedicar mucho tiempo al estudio este día, quizá la mañana si es necesario dar un último repaso de algo.
En cuanto a la alimentación es importante mantener una alimentación equilibrada, sin comidas abundantes y con una buena planificación. Es importante hacer una dieta variada y rica en vitaminas y fósforos y tratar de eliminar, en la medida de lo posible, la ingesta de bebidas energéticas y estimulantes.
No debe cometerse el error de ingerir suplementos vitamínicos, u otro tipo de sustancias, sean o no naturales, salvo que sea por prescripción médica. Es alarmante que muchos estudiantes recurran al consumo de estos complementos para “estudiar mejor”. Generalmente ofrecen más efectos secundarios que beneficios al estudio. No existen demasiadas evidencias científicas acerca de que la ingesta de determinados fármacos que se comercializan para rendir más tengan tales efectos, pero sí se conocen los efectos secundarios de mochos de ellos, que van desde trastornos gastrointestinales, hasta tensión premensutral, recorriendo otros síntomas como rubor intenso, debilidad, ahogo, vómitos, etc. Si a todo ello le sumamos que en muchas de las presentaciones farmaceúticas de estos productos se ofrecen cantidades que llegan a ser hasta 100 y 200 veces mayores que las recomendadas, los efectos secundarios pueden dispararse. Uno de los grandes “éxitos” de estos fármacos, es que incorporan cafeína en grandes dosis y guaraná. Efectivamente, un aporte de éstas puede hacer que el estudiante se vuelque sobre sus tareas, no obstante, también, y es lo más frecuente, hace que aumenten los nervios, se genere tensión física, que puede despertar ansiedad, euforia, nerviosismo, etc. Por ello, no recomendaría nunca, salvo que el médico así lo considere, el consumo de estas sustancias.
En lo referente a la tensión emocional, a los nervios y al estrés lo mejor es concienciarse, como se indicaba al inicio, de que la parte más difícil del camino ya está superada. No es producente agobiarse por la necesidad de una nota elevada o por desear obtener unas calificaciones altísimas. El simple factor de estudiar con esa idea en mente, puede desencadenar tensión nerviosa que tire al traste nuestro importante plan de trabajo preselectividad.
Conviene realizar varias previsualizaciones de cómo será el momento del examen. Para ello, visitar la facultad, incluso si es posible, el aula en la que se va a realizar la prueba es una ayuda inmensa. Además, con ello se evitará tener que llegar por primera vez a la Universidad, a una Facultad determinada y a un aula en concreto el mismo día del examen. Perderse o no encontrar el lugar antes de la prueba generará una sobreexcitación nada recomendable para afrontar el primero de los exámenes.
Imaginarse en situación, anticiparse a qué es lo que se va a sentir, qué tipo de pensamientos se van a tener, qué pasará cuando me siente, qué haré si no entiendo algo, etc. ayudará mucho a templar los nervios de última hora. Imaginar una situación altamente estresante, como aquella en la que tras leer el examen no se sabe contestar a las preguntas, es importante. Esta situación puede darse, y es relativamente frecuente, pues si existe mucha tensión, los bloqueos aparecen rápidamente. Para ello, conviene realizar alguna serie de ejercicios de relajación al imaginar esa situación. De tal suerte, si en el momento del examen se ve en ella, sabrá cómo relajarse y, lo más importante, ya se habrá anticipado a la misma y será capaz de solventar la dificultad. Como técnicas de relajación, recomiendo algunas muy sencillas: respirar lentamente inspirando por la nariz y expirando por la boca, por medio de una respiración diafragmática. Realizar respiraciones no muy profundas, pero tampoco superficiales, estando sentado y mientras tanto imaginar una playa, y en el horizonte, el número uno que se acerca muy lentamente, y según se acerca se va haciendo más grande. Así hacerlo hasta el número 4 ó 5, momento en el que se habrá alcanzado un buen nivel de relajación. Repetir este ejercicio antes de estudiar, durante los descansos y después, es una práctica recomendada pero, ¡ojo con dormirse! Al acostarse también es recomendable realizar estos ejercicios, pues ayudarán a tener un seño reparador.
El día de antes es muy importante dedicarlo a descansar y a concienciarse. Repetirse de forma convincente unas cuantas veces “voy a aprobar” es una sencilla forma de autosugestionarse positivamente. Ya deben haberse eliminado las tensiones, los nervios y los miedos. Después de comer, tras descansar un ratito, conviene prepararlo todo: bolígrafos (varios de cada color), lápices, gomas, sacapuntas, calculadora (se debe comprobar que funciona), compases, etc. Todo lo necesario. Si es posible, conviene llevarlo por duplicado o triplicado, mejor que mejor, así nos quitamos de encima los nervios evitables. No debe olvidarse dejar con todo lo necesario un reloj y el DNI, pues será fundamental para acceder al examen. Si se echa en falta algo, la tarde debe servir para ir a comprarlo o prepararlo. Es recomendable meter en la mochila un jersey o una chaqueta ligera. Algunas Facultades cuentan con potentes sistemas de aire acondicionado que pueden hacer que se pase frío, y se debe estar bien concentrado en el examen sin dejar que la sensación de frío haga que baje el rendimiento. Igualmente, una botellita con agua para estar bien hidratado es recomendable.
A una hora decente, más temprano que tarde, intentando dormir algo más de ocho horas, será el momento de acostarse. Dejar todo listo y dar un último vistazo quitará nervios. De igual modo, preparar la ropa y las cosas que se quieren llevar al examen ayudará a que a la mañana siguiente, todo salga bien y con tranquilidad. Practicar una técnica de relajación mientras se realizan las últimas anticipaciones de cómo será el día siguiente ayudará a dormirse pronto y descansar plácidamente para afrontar el primer gran día.
Al despertar, todo debe ser rutinario. No se debe alterar el ritmo de desayunos, conviene recorrer el camino previamente planificado. Salir con tiempo por si hubiera más tráfico de lo habitual o surge algún contratiempo también es recomendable.
Las cartas ya están sobre la mesa. En tres días habrán finalizado las pruebas y serás estudiante Universitario. Ya queda poco para que seas uno más que descubra que la Selectividad, realmente es la prueba más sencilla de todo el Bachillerato. Mucha suerte a todos los que se presentan este año a las Pruebas de Acceso a la Universidad.