lunes, 5 de octubre de 2009

Manifiesto del maestro

De los recuerdos de nuestra infancia emerge siempre la clara figura de una maestra o de un maestro, con quien tenemos pendiente una deuda de gratitud. Suele ocurrir que tardamos mucho en darnos cuenta de su influencia benefactora, y para entonces aquellas personas que sirvieron de puente entre la familia y la sociedad, que suavizaron el desamparo de los primeros días de escuela y nos llevaron de la mano por los laberintos del abecedario y la cultura habrán desaparecido ya de nuestras vidas. Un homenaje al maestro puede servir para pagar esta deuda de gratitud. Es por ello un acto de justicia poética.

Pero también es un acto de justicia real, porque tiene que servir para llamar la atención de la sociedad hacia una profesión que, por esa inversión de prestigios que desdichadamente sufrimos, pasa inadvertida o menospreciada Otras admiraciones mas espectaculares nos hacen ser mezquinos al valorar a las personas que nos enseñaron las primeras letras, que nos obligaron, con una conmovedora paciencia, a dominar nuestra atención, tan propensa a irse por las nubes, para fijarla en el encerado o el cuaderno. Para el niño, ellos son los máximos representantes de la cultura, y, para todos, los grandes funcionarios de la Humanidad. Supieron hacemos pasar de un mundo de afectos privados a un mundo de afectos sociales, y nos convirtieron en pequeños ciudadanos, al enseñamos las normas compartidas

El maestro necesita autoridad para poder ejercer bien su cometido, y esa autoridad sólo puede recibirla de un generoso y constante apoyo social. Un homenaje al maestro se con vierte así en una eficaz colaboración pedagógica. Y también en una demostración de inteligencia ciudadana. La sabiduría de una sociedad, su estatura ética, se demuestra en los modos de conferir prestigios o distinciones. Cuando esos reconocimientos se dan a quienes no los merecen, o dejan de darse a quien los merecía, se produce una corrupción social, un empequeñecimiento que a todos nos empequeñece. Al homenajear al maestro estamos ennobleciendo él espacio de nuestra convivencia.

A los adultos nos invade muchas veces el desaliento ante el futuro, un cierto cansancio de lo porvenir. Entonces deberíamos recordar la figura del maestro, que es el profesional de la esperanza, el incansable, humilde y magnífico cuidador del futuro. Con la misma tenacidad con que el árbol florece en primavera, él volverá a enseñar que dos por dos son cuatro. Nos convendría a todos regresar por un momento a ese ámbito animoso y cordial. Este homenaje puede servir también para reavivar nuestra esperanza.

Por todas estas razones, de justicia, de sabiduría,...de propio interés, invitamos a niños y a adultos, a padres e hijos, a participar en un homenaje nacional e intergeneracional al maestro.

miércoles, 10 de junio de 2009

Fechas Selectividad 2009 (Junio y Septiembre)

Comunidad Autónoma

1ª Convocatoria, en junio

2º Convocatoria, en septiembre, (salvo en el País Vasco que es en julio)

Andalucía

16, 17 y 18 de junio

15, 16 y 17 de septiembre

Aragón

9, 10 y 11 de junio

9, 10 y 11 de septiembre

Asturias

16, 17 y 18 de junio

15, 16 y 17 de septiembre

Cantabria

10, 11 y 12 de junio

10, 11 y 14 de septiembre

Castilla La Mancha

15, 16 y 17 de junio

15, 16 y 17 de septiembre

Castilla y León

9, 10 y 11 de junio

9, 10 y 11 de septiembre

Cataluña

9, 10 y 11 de junio

8, 9 y 10 de septiembre

Comunidad Valenciana

9, 10 y 11 de junio

9, 10 y 11 de septiembre

Extremadura

16, 17 y 18 de junio

15, 16 y 17 septiembre

Galicia

17, 18 y 19 de junio

16, 17 y 18 septiembre

Islas Baleares

10, 11 y 12 de junio

9, 10 y 11 de septiembre

Islas Canarias

16, 17 y 18 de junio

10, 11 y 12 de septiembre

La Rioja

16, 17 y 18 de junio

14, 15 y 16 de septiembre

Madrid

8, 9 y 10 de junio

15, 16 y 17 de septiembre

Murcia

15, 16 y 17 de junio

16, 17 y 18 de septiembre

Navarra

10, 11 y 12 de junio

14, 15 y 16 de septiembre

País Vasco

10, 11 y 12 de junio

8, 9 y 10 de julio

SELECTIVIDAD 2009

Muchos de los estudiantes, una vez reciben sus resultados de los exámenes de Selectividad o P.A.U. (Pruebas de Acceso a la Universidad) comentan que el de Selectividad es el examen más sencillo de Bachillerato. Razón no les falta.

Los estudiantes que superan segundo de Bachillerato tienen un gran camino recorrido. En teoría ya saben todo lo que necesitan para afrontar estas pruebas y sus conocimientos son los necesarios para proceder a prepararse los diferentes exámenes.

En 2008, resultaron aptos el 85.95% de los alumnos presentados en la Comunidad de Madrid. Las dos notas más elevadas correspondieron a una alumna de un Colegio de Alcobendas, Colegio Base, y a  un alumno de un Instituto público de Madrid (IES Gran Capitán). Sus notas fueron respectivamente 9.94 y 9.92

Muchos de los alumnos que realizarán las pruebas este año, entrarán dentro de ese porcentaje de aprobados, elevado, pese a ser casi 2.5 puntos porcentuales menor al de 2007.

¿Qué variables intervienen a la hora de hacer que un estudiante se encuentre entre la gran cantidad de aprobados y la minoría que no logra el apto?

Podríamos establecer diferentes categorías. La primera de ella serían aspectos relacionados con los estudiantes y con la organización el estudio. Cada alumno debe ser consciente del camino que ha recorrido, duro en casi todas las ocasiones, con muchos exámenes a lo largo del año, trabajos que realizar, libros que leer, tardes enteras para estudiar y realizar ejercicios y, ahora, todo está estudiado, todo está leído, todos los ejercicios bien resueltos y, lo más importante, segundo de Bachillerato aprobado. Es el momento de darse cuenta de que el camino ya está andado y ahora sólo queda pasar por este trámite, aunque nadie debe olvidar que éste debe ser preparado.

Cada alumno debe tener claro qué exámenes va a realizar y prepararlos a conciencia. En las materias teóricas una buena ayuda es la de resúmenes de cada Unidad Didáctica en un par de folios por las dos caras. Acompañando a éstos una hoja con un esquema sobre los puntos a desarrollar para tener bien claro cuáles son los pasos a seguir de cara al desarrollo de la pregunta que se realice en el examen de Selectividad. En lo referente a las materias más prácticas (sobre todo las de ciencias) conviene hacerse, además de los resúmenes ya comentados, una buena agenda de fórmulas, un detallado esquema de procesos para la resolución de problemas, esquemas de decisión etc., y para ambas, las teóricas y las prácticas, un cuaderno de dudas, en el que la página izquierda sirva para exponer la duda, de la forma más gráfica posible, y la de la derecha para presentar la solución extremadamente desarrollada y muy clara. Ya no se trata de aprender, se trata de preparar el examen y ésta es una buena forma de hacerlo. Para que haya tiempo para abordar todas las materias, pues los contenidos son amplios, es fundamental contar con una agenda que organice el día a día, y un cronograma con los días que restan hasta las pruebas. Lo primero es realizar el cronograma. Se debe partir el día en dos partes, mañana y tarde. Sería recomendable, a su vez, dividir la mañana en dos grupos de dos horas, y la tarde en otros dos grupos de dos horas y media cada uno. En ellos se distribuirán las materias. Para la asignación de tiempos, es preciso contar con una hoja en la que se detallen todas las asignaturas a las que se va a presentar a modo de columnas, y escribir los títulos de los temas a modo de filas. Una vez realizado este proceso, conviene llevar a cabo una distribución lógica en función de la complejidad de cada uno de los temas y de las asignaturas a lo largo de los diferentes tiempos de estudio planificados en las mañanas y en las tardes. Conviene que, cada dos días, se reserve uno de los huecos al repaso. Ir repasando lo visto anteriormente sirve para fijar mejor las ideas principales y el discurso a desarrollar, al igual que para aclarar procedimientos de resolución de problemas.

Ya con el cronograma completo, es conveniente escribir en la agenda qué se va a hacer cada día. Vendría a ser una ampliación de lo expuesto en el cronograma. Evidentemente, no debe quedar en una mera declaración de intenciones imposibles de llevar a cabo, sino en propósitos factibles que se cumplirán.

Y ahora sólo queda ponerse a trabajar. Es importantísimo que los tiempos de trabajo no sean muy largos. Conviene cada, aproximadamente 55 minutos, aunque esto depende del ritmo de trabajo de cada uno, realizar un pequeño descanso de, entre 5 y 10 minutos. Nunca se debe sobrepasar una hora y media seguida. Los descansos son una parte crucial. Muchas formas de descansar, agotan más que otra cosa. Sirva de ejemplo el uso de videoconsolas, que excitarán al estudiante y le devolverán a su mesa de trabajo más nervioso. Además incrementará su fatiga ocular. El uso de los ordenadores tampoco es recomendable, pues el acceso a las redes sociales o a sistemas de mensajería instantánea hará que el descanso sea más largo de lo previsto y despiste al estudiante. Lo mismo sirve para la televisión. Dar un paseo por la casa, aprovechar para realizar una pequeña merienda, muy ligera, o charlar con algún familiar son las mejores opciones para un buen descanso. Es importante ser estricto con los tiempos de descanso. Una vez finalice el previsto, se debe volver inmediatamente al trabajo para cumplir el horario.

El tercer y el segundo día antes de las pruebas deben dejarse para el repaso final, que también debe estar estructurado a priori. El último día es el mejor para relajarse, darse una vuelta con los compañeros o familiares y descansar. Es conveniente no dedicar mucho tiempo al estudio este día, quizá la mañana si es necesario dar un último repaso de algo.

En cuanto a la alimentación es importante mantener una alimentación equilibrada, sin comidas abundantes y con una buena planificación. Es importante hacer una dieta variada y rica en vitaminas y fósforos y tratar de eliminar, en la medida de lo posible, la ingesta de bebidas energéticas y estimulantes.

No debe cometerse el error de ingerir suplementos vitamínicos, u otro tipo de sustancias, sean o no naturales, salvo que sea por prescripción médica. Es alarmante que muchos estudiantes recurran al consumo de estos complementos para “estudiar mejor”. Generalmente ofrecen más efectos secundarios que beneficios al estudio. No existen demasiadas evidencias científicas acerca de que la ingesta de determinados fármacos que se comercializan para rendir más tengan tales efectos, pero sí se conocen los efectos secundarios de mochos de ellos, que van desde trastornos gastrointestinales, hasta tensión premensutral, recorriendo otros síntomas como rubor intenso, debilidad, ahogo, vómitos, etc. Si a todo ello le sumamos que en muchas de las presentaciones farmaceúticas de estos productos se ofrecen cantidades que llegan a ser hasta 100 y 200 veces mayores que las recomendadas, los efectos secundarios pueden dispararse. Uno de los grandes “éxitos” de estos fármacos, es que incorporan cafeína en grandes dosis y guaraná. Efectivamente, un aporte de éstas puede hacer que el estudiante se vuelque sobre sus tareas, no obstante, también, y es lo más frecuente, hace que aumenten los nervios, se genere tensión física, que puede despertar ansiedad, euforia, nerviosismo, etc. Por ello, no recomendaría nunca, salvo que el médico así lo considere, el consumo de estas sustancias.

En lo referente a la tensión emocional, a los nervios y al estrés lo mejor es concienciarse, como se indicaba al inicio, de que la parte más difícil del camino ya está superada. No es producente agobiarse por la necesidad de una nota elevada o por desear obtener unas calificaciones altísimas. El simple factor de estudiar con esa idea en mente, puede desencadenar tensión nerviosa que tire al traste nuestro importante plan de trabajo preselectividad.

Conviene realizar varias previsualizaciones de cómo será el momento del examen. Para ello, visitar la facultad, incluso si es posible, el aula en la que se va a realizar la prueba es una ayuda inmensa. Además, con ello se evitará tener que llegar por primera vez a la Universidad, a una Facultad determinada y a un aula en concreto el mismo día del examen. Perderse o no encontrar el lugar antes de la prueba generará una sobreexcitación nada recomendable para afrontar el primero de los exámenes.

Imaginarse en situación, anticiparse a qué es lo que se va a sentir, qué tipo de pensamientos se van a tener, qué pasará cuando me siente, qué haré si no entiendo algo, etc. ayudará mucho a templar los nervios de última hora. Imaginar una situación altamente estresante, como aquella en la que tras leer el examen no se sabe contestar a las preguntas, es importante. Esta situación puede darse, y es relativamente frecuente, pues si existe mucha tensión, los bloqueos aparecen rápidamente. Para ello, conviene realizar alguna serie de ejercicios de relajación al imaginar esa situación. De tal suerte, si en el momento del examen se ve en ella, sabrá cómo relajarse y, lo más importante, ya se habrá anticipado a la misma y será capaz de solventar la dificultad. Como técnicas de relajación, recomiendo algunas muy sencillas: respirar lentamente inspirando por la nariz y expirando por la boca, por medio de una respiración diafragmática. Realizar respiraciones no muy profundas, pero tampoco superficiales, estando sentado y mientras tanto imaginar una playa, y en el horizonte, el número uno que se acerca muy lentamente, y según se acerca se va haciendo más grande. Así hacerlo hasta el número 4 ó 5, momento en el que se habrá alcanzado un buen nivel de relajación. Repetir este ejercicio antes de estudiar, durante los descansos y después, es una práctica recomendada pero, ¡ojo con dormirse! Al acostarse también es recomendable realizar estos ejercicios, pues ayudarán a tener un seño reparador.

El día de antes es muy importante dedicarlo a descansar y a concienciarse. Repetirse de forma convincente unas cuantas veces “voy a aprobar” es una sencilla forma de autosugestionarse positivamente. Ya deben haberse eliminado las tensiones, los nervios y los miedos. Después de comer, tras descansar un ratito, conviene prepararlo todo: bolígrafos (varios de cada color), lápices, gomas, sacapuntas, calculadora (se debe comprobar que funciona), compases, etc. Todo lo necesario. Si es posible, conviene llevarlo por duplicado o triplicado, mejor que mejor, así nos quitamos de encima los nervios evitables. No debe olvidarse dejar con todo lo necesario un reloj y el DNI, pues será fundamental para acceder al examen. Si se echa en falta algo, la tarde debe servir para ir a comprarlo o prepararlo. Es recomendable meter en la mochila un jersey o una chaqueta ligera. Algunas Facultades cuentan con potentes sistemas de aire acondicionado que pueden hacer que se pase frío, y se debe estar bien concentrado en el examen sin dejar que la sensación de frío haga que baje el rendimiento. Igualmente, una botellita con agua para estar bien hidratado es recomendable.

A una hora decente, más temprano que tarde, intentando dormir algo más de ocho horas, será el momento de acostarse. Dejar todo listo y dar un último vistazo quitará nervios. De igual modo, preparar la ropa y las cosas que se quieren llevar al examen ayudará a que a la mañana siguiente, todo salga bien y con tranquilidad. Practicar una técnica de relajación mientras se realizan las últimas anticipaciones de cómo será el día siguiente ayudará a dormirse pronto y descansar plácidamente para afrontar el primer gran día.

Al despertar, todo debe ser rutinario. No se debe alterar el ritmo de desayunos, conviene recorrer el camino previamente planificado. Salir con tiempo por si hubiera más tráfico de lo habitual o surge algún contratiempo también es recomendable.

Las cartas ya están sobre la mesa. En tres días habrán finalizado las pruebas y serás estudiante Universitario. Ya queda poco para que seas uno más que descubra que la Selectividad, realmente es la prueba más sencilla de todo el Bachillerato. Mucha suerte a todos los que se presentan este año a las Pruebas de Acceso a la Universidad. 

sábado, 4 de abril de 2009

El Ideario de Centro

El texto que se propone a continuación es una reedición en la que no se han realizado cambios. Estuvo publicado en Red Docente, hasta el fin de su existencia. Motivo por el cual, hoy se publica nuevamente aquí. 

El diccionario de la R.A.E. define ideario como un “repertorio de las principales ideas de un autor, de una escuela o de una colectividad”. ¿Es así como se debe entender? Quizá una autor tenga un ideario político comunista o de extrema derecha, con todas las connotaciones que puedan aparejarse. Una colectividad, una empresa comercial, también tiene unos puntos en los que se basa su filosofía. Una escuela… una escuela tiene que tener mucho más que una simple declaración de intenciones, principios o ideas.

Evidentemente, nuestra tradición democrática, comenzó gestando una carta magna, fruto, como usted bien sabrá, del miedo a las décadas que la precedían, la grandiosidad de los legisladores europeos, entre ellos los franceses, y un talante moderno. Todo ello se adornó con un hermetismo propio del Barroco, y una infinidad de artículos, disposiciones derogatorias, transitorias, finales, que no hacen más que encaminarla hacia hermanas menores como leyes orgánicas, disposiciones legislativas, etc. Artículos y artículos en capítulos y capítulos que se desarrollan a lo largo de título y títulos… ¿y la educación?

Los centros han de tener un ideario bien definido, bien específico. En él, desde mi punto de vista, han de mostrar sus señas de identidad, el qué hace que ese centro educativo difiera de otro que se sitúa a cien metros.

Pero que exista un ideario de centro que se ajuste a derecho, y se fundamente en los principios del estado democrático de derecho, no es tan sencillo de fundamentar ni de conseguir.

Primer problema serio que se plantea sobre la naturaleza de los centros: ¿enseñanza pública, gratuita y laica? ¿o por el contrario múltiples ofertas privadas y aconfesionales? Evidentemente un solo tipo de escuela, con un mismo ideario, ofrecería un cierto grado de homogeneidad, pero no sería propicio para nuestros alumnos. Sin embargo la heterogeneidad de una sociedad como la española, en la que las escuelas son de muy distinto carácter, ofrece un grado de elección que obliga a los ciudadanos a ejercer su derecho a la libertad y a ser consecuentes con su ideología. El problema se encuentra al romper el “principio de no discriminación” y a introducir “idearios parciales”.

Una segunda cuestión que me planteo es: Si respondemos a la finalidad de la escuela, por defecto, encontraremos nuestro ideario. Yo considero que la finalidad es formar, primero ciudadanos, y segundo, libres. Y ahora me planteo a modo de ejemplo: ¿Puede un estudiante educado bajo una formación religiosa ser libre? ¿Y educado sin formación religiosa? En ambos casos la respuesta creo que es no. ¿Cómo ofrecer a un alumno esa educación integral? ¿Cómo abrirle la llave de la libertad? ¿Cómo enseñarle a obrar por sí mismo? ¿Cómo suscitar su espíritu crítico? Kant, en el artículo que Adela Cortina publica en el diario El País el día 11 de febrero de 2004, nos da la respuesta: “Sólo por la educación el hombre puede llegar a ser hombre. No es sino lo que la educación le hace ser”. Me gustaría subrayar la palabra educación, que difiere de la enseñanza. Ideario y educación, en un centro, creo que siempre deben ir de la mano. Y afortunadamente, Cortina se plantea a continuación si “hemos de educar a los jóvenes de acuerdo con la situación presente, o de acuerdo con un futuro mejor”. Creo que estas dos líneas ofrecen una visión particular y excelente de la educación. Creo que educar en el mundo presente con la finalidad de ofrecer un futuro mejor y hacer que los alumnos sean ciudadanos motores de cambio sería lo propio.

He expuesto el qué, ahora procede describir el cómo.

No cabe la menor duda de que la única forma de hacerlo es explicitando nuestros fines por escrito con una triple finalidad: Primera para que los padres de los alumnos y ellos mismos sepan qué van a encontrar en el centro y qué prima en él. Segunda para los docentes, que resultan “imprescindibles” según el mismo texto de Adela Cortina, que sabrán qué esperan de ellos alumnos, padres y centro. Tercera como motor social que promueva el cambio y la renovación, que tienda hacia una adquisición de conocimientos instrumental más que como mera colección de conceptos.

Ahora bien… ¿hay equidad? Es complejo tratar este aspecto sin abordar dilemas éticos y morales. Hasta qué punto la escuela pública, sus alumnos, sus docentes, su comunidad educativa, sus recursos, sus servicios, sus materiales… no cuentan con ventajas o inconvenientes frente a la privada en diversos aspectos.

Hasta qué punto el ideario de un centro público se equipara al de uno privado o viceversa.

Visto lo visto, considero que la escuela pública evidentemente hace muestra de un ideario, pero uno que quizá sea más común a todos los centros educativos públicos. Para ser más gráfico diría que sería un ideario de mínimos (no cuantitativamente), pero un ideario que se cumple al cien por cien en casi el cien por cien de los centros. La escuela privada ofrece diversas muestras de su ideario: Los centros religiosos hacen uso de su ideario centrado en los valores que van a transmitir y en los principios de su fundador o fundadora. Los centros privados concertados y seglares, tienen un ideario de centro que funciona al 50 por ciento, a diferencia de los centros privados, que son empresas cuyos clientes son padres, en los que el niño apenas interesa y el ideario de centro queda relegado a funciones de marketing y técnicas de venta.

Ideario de centro funcional o no. Ideario de centro propagandístico o no. Ideario de centro sí. Las escuelas públicas deben tenerlo y así hacen, pues tienen una entidad, aunque desde mi punto de vista, hay más similitud entre los de las escuelas públicas que entre los de las privadas.

Sin duda alguna, Aristóteles, en su ética, habla de la virtud… es precisa la virtud en un ideario de centro. Creo que no. Creo que el ideario de centro debe ofrecer el lado más ambicioso, real y factible, pues como he señalado anteriormente, ideario y educación son crucialmente inseparables, y así, desde mi punto de vista, deben permanecer. 

sábado, 28 de marzo de 2009

De vez en cuando la educación...

De vez en cuando, la educación y las genialidades relacionadas con ella, generan titulares que ven pasar varios días desde las primeras páginas de actualidad.

 En este caso se trata de la sentencia del Tribunal Supremo: El supremo impide pasar a segundo de Bachillerato con más de dos asignaturas pendientes. Así rezaban las líneas que hicieron tambalearse los cimientos del antiguamente llamado MEC. Y es que la propuesta del gobierno pretendía que nuestros estudiantes de Bachillerato, nivel educativo no obligatorio, pudieran pasar de primero a segundo de Bachillerato, incluso planteaba la posibilidad de un curso de transición en el que pudieran cursarse asignaturas de uno y otro cursos.

 Comenzando por la no obligatoriedad del nivel, convendría subrayar que un porcentaje muy, muy elevado de los alumnos que finalizan Bachillerato, acceden al sistema Universitario para cursar estudios de educación superior, donde deberán esforzarse, trabajar y, sobre todo, aprender. Dicho porcentaje se mueve en torno al 89%, con variaciones en función de las Comunidades Autónomas y en base a si se trata de un Centro de entidad privada o pública.

 Dicho de otra manera, casi la totalidad de los alumnos que inician el Bachillerato durante este curso académico 2008/2009, acabaran sentados en alguna facultad descubriendo las novedades que Bolonia trae consigo.

 Comprender un sistema educativo que permita que sus estudiantes preuniversitarios puedan promocionar de curso con cuatro asignaturas, se entiende como una actividad imposible para todos los que vivimos el día a día de las aulas… Y en el día a día se encuentra el problema, pero no en las cuatro asignaturas.

 ¿Cómo hemos llegado a encontrar alumnos escolarizados, por su propia voluntad en la mayoría de los casos, que puedan tener tal índice de fracaso escolar? Hablar de dos o tres alumnos en cada centro, supondría estudiar la problemática de dichos estudiantes para encontrar en sus hábitos, en su contexto, en su estructura familiar, en su capacidad… algún indicio que nos hiciera descubrir dónde se encuentra esa dificultad. Si hablamos de 10 ó 15 alumnos en un único Instituto, deberíamos pasar a estudiar al grupo. ¿Qué está pasando en ese aula o aulas? ¿Qué fenómenos acontecen al entorno social del Centro? ¿Ha sucedido algo con los profesores?

 Sin embargo, las cifras son, como estamos tristemente acostumbrados, aterradoras. El fracaso escolar ya asciende al 31%. Un 40% de alumnos no finaliza el Bachillerato  ni realizan ningún Ciclo de Formación Profesional o PCPI (Programas de Cualificación Profesional Inicial), alumnos que se encuentran en un alto riesgo de exclusión social, pues no pueden acceder a un empleo por carecer de formación básica para ello. Estos datos nos alejan de los objetivos del Plan Lisboa 2010 y de la prerrogativa a la que se llegó tras los datos PISA 2006 de tratar de alcanzar dicho plan en 2014.

 Quedarse alarmado frente a los datos no solucionará la situación, para ello, hemos de atacar las causas. La pregunta es la siguiente ¿Cuáles son los motivos que conducen a nuestro alumnado a una situación como la actual? Para dar respuesta convendría pensar antes si alguien se ha detenido a observar cuáles son las causas. Efectivamente, como sucede en muchos temas relacionados con la educación, se trata de un fenómeno multicausal que trataré de introducir a continuación.

 Facto primero: primer círculo de retroalimentación.

Uno de los grandes factores que encontramos en nuestro Bachillerato, es que los alumnos que acceden a él provienen de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO en adelante) Al margen del grupo de alumnos que superan sus cursos con esfuerzo, entrega, dedicación, compromiso, cumpliendo con sus tareas y renunciando al exceso de ocio insano que azota a gran parte de nuestra juventud, encontramos a un grupo de adolescentes que viven entre Tuenti, MySpace, Facebook, el móvil, la play y el botellón del fin de semana, que ahora, fenómeno cada vez más universalizado, comienza los jueves. Alumnos que no han aprendido el valor del esfuerzo, que no conocen lo que significa trabajar y que, en gran parte, desconocen la estrecha relación que existe entre la dedicación y los buenos resultados académicos. Se obsesionan por alcanzar una nota, generalmente un cinco, claro, ¿para qué más si con eso tienen de sobra?, en vez de intentar aprender… ¿Es culpa de los alumnos? ¿Es culpa de los profesores? En parte no es culpa de ninguno, pero en parte, es culpa de todos ellos. Considero que se constituye el primer círculo de retroalimentación. El alumnado se sienta en un aula, generalmente austera y fría, frente a profesores, en su mayor parte  Licenciados con grandes aspiraciones profesionales frustradas, que acaban en el aula no como una opción o una vocación, sino como una falta de opciones o imposibilidad para desarrollar una vocación. Una vez en ella, se enfrentan a un grupo de alumnos que ya llevan una inercia que les conduce a situar una relación de enfrentamiento en la que ellos conciben al profesor como un agente hostil que les suspenderá tras aburrirles horriblemente en clase. Y él, el profesor, los concebirá como tristes cuerpos adolescentes que no tienen capacidad de esfuerzo y no van a poder seguir sus explicaciones, lecciones magistrales, desde su pupitre. Al ver dormirse al primero de los alumnos, el maestro se autoafirma en su divagación. Por tanto se genera un halo en el que el alumnado no encuentra una sola motivación en el estudio, es más, lo encuentra muy distante de su realidad y día a día, aburrido, pesado, extirpador del tiempo que podría aprovechar con sus amigos… hasta llegar a aborrecerlo. Y el profesor, se encuentra con un grupo de adolescentes que no están interesados por su asignatura, no tienen ningunas ganas de aprender, y que faltan a clase y, el día que van, se duermen o interrumpen sus explicaciones hablando con el compañero.

Círculo primero: alumnos desmotivados que desmotivan a los profesores, lo que hace que desmotiven aun más a los alumnos y éstos incrementen la desmotivación del profesorado.

 Factor segundo: segundo círculo de retroalimentación.

Un maestro, tras estudiar tres años (con Bolonia serán cuatro) de Magisterio y haberse formado en Pedagogía, Psicología, Didáctica General, Didácticas específicas, etc., realiza tres meses de prácticas (con Bolonia un tiempo mucho mayor), y finalmente, acaba en un Centro impartiendo clase en Educación Primaria (desde primero de Primaria hasta sexto de Primaria). El alumno, acaba su Educación Primaria y accede a la ESO, donde encontrará al profesor de Matemáticas, que habrá estudiado cinco años de Matemáticas y habrá realizado un CAP (Curso de Aptitud Pedagógica) de seis meses en el que se enseña a realizar Unidades Didácticas y ciertas nociones de Psicología seguidas de unas mínimas prácticas con calificación de apto o no apto. El profesor de Lengua será Licenciado en Filología, y así sucede con todas y cada una de las asignaturas a lo largo de la ESO y del Bachillerato. Por tanto, la capacidad pedagógica de este docente queda bien discutida, sobre todo al escuchar frecuentemente en los Colegios frases del estilo: “Lo mejor es que suspendas a todos en el primer examen, así se dan cuenta que la asignatura es difícil y tienen que estudiar” ¿Acaso este profesor no ha escuchado hablar de las expectativas? Otra frase bien frecuente: “Con ellos mano dura, que luego se te suben a la chepa”. Confundir disciplina del aula con control del aula es un común error. Yo he sido profesor de grupos caóticos pero extremadamente disciplinados, y profesor de grupos que sabían sentarse muy bien en sus sillas y guardar silencio en clase, pero con una tremenda indisciplina. Y es que la disciplina no es mantener a 25 alumnos sentados durante ocho horas en el pupitre. La disciplina es un tema bien diferente, pero eso… eso es otra historia…

Círculo segundo: profesorado sin formación específica en ESO y Bachillerato, lo que les conduce a mantener ideas totalmente erróneas acerca de los alumnos, la educación y los efectos beneficiosos de medidas realmente traumáticas y desastrosas.

 Llegados a este punto, podemos introducirnos a la problemática observando cómo en el primer círculo se puede apreciar a unos alumnos carentes de motivación, sin interés por el aprendizaje y a profesores, no sólo desmotivados y sin vocación, sino sin herramientas, círculo segundo, para hacer que los alumnos se interesen por la materia, para mostrarles los caminos que pueden conducirles hacia un aprendizaje práctico, real, cercano, y con una lacra: preconceptos erróneos sobre el aprendizaje, la enseñanza y todo lo que a ambas rodea.

 Factor tercero: tercer círculo de retroalimentación.

… y las aulas se llenaron de inmigrantes… y las familias se rompieron… y los valores se perdieron… y el alumnado fracasó. Y así sucede. Frente a la complejidad de los dos factores anteriormente expuestos, se observa un muy notable aumento de inmigrantes en las aulas. Inmigrantes que provienen de países muy dispares. Durante el pasado mes de mayo de 2007, dos investigadores de la Universidad Pompeu Fabra, estudiaron que el rendimiento de los estudiantes comienza a descender cuando el porcentaje de inmigrantes en el Centro supera el 6%, empeorando de forma extrema al cruzar el umbral del 10%. Simplemente basta con conocer el nivel educativo de los países de los que provienen. El profesorado, contando con las dificultades expuestas en el factor segundo, no sólo se enfrenta a ese alumnado desmotivado, sino que ahora, es un alumnado con grandes problemas de base, que en muchas ocasiones no habla el idioma, con costumbres sociales diferentes, (para muchos la escuela no es obligatoria en su país natal y no tienen costumbre de asistir a diario) no saben cómo se estudia porque nunca antes se les ha presentado directamente esa necesidad…

 A esos porcentajes de inmigrantes, que poco a poco se adaptan a nuestro sistema escolar, debemos sumar el de hijos de padres separados o divorciados durante su escolarización. Ya lo demostraba un informe de la Universidad de Chile en 2002 al observar una fuerte correlación entre el divorcio y el fracaso escolar, sin entrar a detallar datos acerca del incremento de la agresividad en estos alumnos, sus problemas sociales, afectivos… que implicarán, sin duda alguna, al resto de los compañeros, o al menos, a unos cuantos.

Y llegamos a los valores. No es novedad que los valores tradicionales están perdidos, pero sí lo sea quizá para algunos, desde luego no para los maestros, que los referentes a la cultura escolar hace años que brillan por su ausencia. Si el profesor descubre al alumno fumando en el Centro y se le impone un castigo, el castigo no se realiza porque el padre acude al Centro a reprender al profesor por privar a su hijo de intimidad y amenaza con una demanda por acoso. Si un alumno miente descaradamente a un profesor falsificando una firma o dando motivos inexistentes a sus ausencias, retrasos o faltas de deberes, al comunicarlo a los padres, éstos increparán al profesor: “¿No estará insinuando que mi hijo es un mentiroso? Porque mi hijo nunca ha mentido y jamás mentirá”. Finalmente, los padres se convierten en los cómplices perfectos de los hijos y en auténticos expertos en desautorizar al profesorado. Con ello, el alumno se ve reforzado en sus decisión de no asistir a clase, de no hacer los deberes, de falsificar firmas…

Círculo tercero: Aspectos sociales como la inmigración, la ruptura de las familias y la caída de ciertos valores, sobre todo de los relativos a la familia hacia la escuela, influyen negativamente en el fracaso escolar de los alumnos. La familia y la escuela deben caminar juntas hacia el mismo sitio con papeles complementarios. Mirar hoy a ambas, supone ver fácilmente que cada una camina hacia un lugar diferente, colocando la familia todas las responsabilidades educativas en la escuela y exigiendo formación, educación y, resultados. Recordemos los dos círculos anteriores… ¿qué puede hacer el profesorado de Secundaria y Bachillerato al respecto?

 Se podrían plantear varios factores más, no obstante, para ir concluyendo, las cuatro asignaturas suspensas jamás podrían acercarse a tapar el fracaso escolar, sino que desembocarían en un alumnado, cada vez menos capaz, que terminaría accediendo a la Universidad, si siguiera ese camino, con las Matemáticas de segundo pendientes.

 Hay que centrarse en dar herramientas a los profesores, y no sólo eso, sino en  ayudar a la gran cantidad de buenos profesores, que conozco a muchos y me consta la existencia de muchos más, que padecen síndrome de quemado o burnout, que se encuentran desmotivados después de varias décadas de vivir entre adolescentes, que no reciben palabras de aliento de nadie, sólo exigencias y, a los que los alumnos comienzan a pegar, a maltratar, a humillar en clase, a grabar en vídeo y colgar en Internet siendo ridiculizados...

 Hay que romper estos círculos que nos llevan a una deriva lamentable y en la que  es difícil predecir los extremos que se alcanzarán. No sólo por los alumnos, sino por la sociedad en conjunto que debe prosperar y hacer avanzar al conocimiento, a la ciencia, educar a las generaciones venideras…pero esto no es posible si pasamos a los alumnos de curso con cuatro asignaturas pendientes. Tarde o temprano, cuando el fracaso llegue al sistema Universitario, que de seguir así sucederá, podría plantearse el acabar una carrera con cuatro asignaturas pendientes. Total, ¿qué son cuatro asignaturas entre cincuenta?

 Para romper esos círculos, es necesario de forma inminente, que se logre un acuerdo de mínimos en lo referente a la legislación educativa. Vivimos en un país que se está acostumbrando a ver nuevas leyes de educación cada cuatro años. Es necesario también un plan de formación del profesorado de Secundaria y Bachillerato. Las últimas noticias que tengo a la hora de escribir este artículo, es que ya se ha aprobado, junto con la reforma Universitaria, un Máster para la formación del profesorado de 60 ECTS (European Credits Transfer System), equivalente cada crédito a 25 horas. Urge un plan de actuación con el alumnado inmigrante, un plan de apoyo a los alumnos que fracasan, un plan que no los aparte de la corriente educativa de sus compañeros, que nos lo sitúe en riesgo social antes de cumplir los 16 años, que no les condene a vivir sin el graduado escolar… Urge mentalizar a los alumnos de que la finalidad de la escuela no es sacar notas, sino aprender, prepararse para el futuro… y urge también mentalizar a maestros y profesores de que en el siglo XXI, los conceptos están a golpe de clic, y que ya no debemos centrarnos en transmitir conocimientos, sino procedimientos. Urge potenciar y dotar con más fondos a los Departamentos de Orientación de los Centros para que puedan atender a la diversidad, al profesorado que lo necesita, formar, consensuar, orientar, valorar planes de estudios, evaluar a alumnos, intervenir con ellos…

 Urgen mil cosas, pero lo que nunca debe estar en la lista de las cosas pendientes de la educación española, es recetar bálsamos que nos engañen a todos a fin de evitar una estadística aterradora.

 Cambiemos la educación de nuestros pequeños para que ellos cambien la sociedad del mañana…