APROXIMACIÓN DIVULGATIVA AL APRENDIZAJE POR OBSERVACIÓN (Segunda parte)
Acercándonos al núcleo temático:
tipos de aprendizaje
Se podrían escribir libros con
miles de páginas acerca de los diferentes tipos de aprendizaje que existen. Sin
entrar a hablar de todos, sólo de los más significativos y también de los más
importantes para la lectura de este artículo, es justo mencionar el conductismo,
formulado de la mano de Skinner, que
habló sobre el condicionamiento operante (el reforzador es contingente a la
respuesta emitida por el sujeto) y que se basa en el trabajo del conocido Paulov sobre el condicionamiento clásico
(un estímulo natural genera una respuesta natural, pero si condicionamos ese
estímulo, la respuesta que obtendremos será otra diferente, una respuesta
condicionada), con las clásicas investigaciones sobre la digestión en
perros. Es importantísimo subrayar la
tesis del conductismo, según el cual el aprendizaje supone un cambio en la
conducta en función a los cambios ambientales (el aprendizaje es la asociación
de estímulos y respuestas). Otros tipos de aprendizajes son el aprendizaje por
descubrimiento que nació de la mano su padre teórico: J. Bruner; el aprendizaje significativo de los conocidos Ausubel y Novak, el Cognitivismo y el Constructivismo,
del famoso Jean Piaget…
… y recordando la primera premisa, inferencia de
conclusiones:
Al igual que el pintor imita los
modelos de la realidad para plasmarlos en un lienzo, y las personas tomamos de
referencia las fotografías de los modelos para imaginar cómo nos sentarán las
ropas que visten, los seres humanos, constantemente, aprendemos por imitación,
para ser más rigurosos, por modelado. Las personas observamos el comportamiento
de nuestros semejantes y, en muchas ocasiones, llevamos a cabo una imitación,
un modelado, de dichas conductas. Para ello, cada uno debe tener un modelo que
siga determinadas normas, si no, sus conductas no serán repetidas por el
observador. El modelo debe ser semejante a la persona que va a aprender, por lo
general, un chico tenderá a modelar conductas de otros chicos y viceversa, al
igual que sucederá con la edad, a mayor cercanía en la edad, mayor posibilidad
de modelado. El modelo, también tiene que ser bien valorado por el posible
“imitador” de su conducta, de lo contrario, no se producirá el aprendizaje, el
modelado, el cambio conductual. En los niños, es una técnica que se emplea en
repetidas ocasiones para ayudarles cambiar diferentes aspectos básicos como
puede ser el orden en su pupitre, incluso el orden de un cuaderno. También es
muy útil para enseñar estrategias cognitivas fijar un modelo que, cumpliendo
todas las características, a su vez, sea un experto en dichas estrategias. Clínicamente
lo he empleado en varias ocasiones y los resultados más llamativos los he
obtenido, con mi mayor asombro, en la eliminación de ciertos trastornos de
ansiedad… Durante la infancia, todos los modelados suelen ser muy positivos
para los niños, pues, suele suceder, se valora al trabajador, al educado, al
eficaz, al generoso, etc. Es en la adolescencia cuando este tipo de
aprendizajes pueden revestir cierta complejidad.
Siempre lo he explicado así: la
adolescencia es un proceso nihilista en puro sentido de la filosofía de
Nietzsche. Así su prólogo a la obra “Así habló Zaratrusta”: “Os contaré cómo el espíritu se convierte en camello, cómo el camello
se convierte en león y cómo, finalmente, el león se hace niño” (Nietzsche, F., 1883)
Si lo aplicamos a la adolescencia, no sería difícil traducir que el bebé, se
convierte en un camello, sobre el que se suben todos los valores que
transmitimos los padres, profesores, personas adultas de relevancia, lo
socialmente bueno, y todos aquellos principios éticos, ideas del bien, etc. Ese
camello, camina, hasta que alcanza la adolescencia y entonces se convierte en
león, que furioso arremete contra todo aquello que se le ha impuesto. Ya lo
decía el propio filósofo: la dinamita que debe hacer estallar la cultura
occidental. Finalmente, una vez destruidos todos los principios que se
“subieron” a ese camello, el adolescente (¿el superhombre?) comienza a
construir valores a partir de cero y va dejando, poco a poco, la adolescencia
atrás. La importancia de la educación en la infancia es crítica en este
proceso. El adolescente comenzará a buscar modelos, rechazando por completo las
figuras parentales, y centrándose en su centro: su grupo de referencia, es
decir, sus amistades adolescentes más o menos de la misma edad, pero también
pueden ser modelos personas famosas, miembros de un grupo musical de
relevancia, personajes de películas o series. etc. Entre ellos, destacarán
algunos jóvenes que se convertirán en los modelos a seguir. Recordemos los
principios de un modelo: igualdad en género, edad, y sobre todo, que sea
admirado por el aprendiz. Ahora bien… ¿qué admirará nuestro hijo adolescente?
¿Qué criterios seguirá para ello? Puede admirar a un buen estudiante que es
valorado por sus compañeros, que disfruta haciendo bien las cosas, responsable
con su tiempo y con su ocio, o por el contrario, puede admirar al chico que no
estudia, que tiene mal comportamiento en clase, que disfruta su tiempo libre
bebiendo alcohol y fumando tabaco y otros añadidos… Y él aprenderá, y lo
llevará a la práctica. No sólo por el simple aspecto de modelar una conducta,
sino porque entrará en juego algo crucial. Un proceso que, si observa con
detenimiento, es complejo. Se observan en el modelo unas conductas que conducen
a obtener unos logros. El observador, el adolescente que modelará, no lo hará
por el simple hecho de parecerse a él, no. Lo hará para conseguir aquello que
el modelo obtendrá, por lo tanto, si un adolescente persigue una meta y alguien
de su entorno lo consigue, rápidamente se convertirá en el mejor de los modelos
y se apropiará de su conducta para tratar de alcanzar los mismos resultados que
no son otros que sus propias metas iniciales.
Y así sucede, no sólo con adolescentes, sino con el niño
que observa a su padre y modela su vocabulario, pues muchas veces los padres se
sorprenden de las palabras que sus hijos pueden llegar a pronunciar. En muchas
ocasiones las habrán aprendido por modelado, quizá no parental, pero muy
probablemente familiar. Modelan al alumno con buenos resultados, al que sabe
evitar castigos, al que marca goles, al que mejor se lleva con las chicas o a
la chica que mejor se lleva con los chicos…
Otras variables que intervienen radicalmente en estos
aspectos son la autoestima y el autoconcepto, etc. Un niño o adolescente con
baja autoestima, encontrará rápidamente a un modelo que imitar. ¡Cuidado! No
infravaloremos la autoestima de los niños y de los adolescentes, puede ser
determinante de cara a su transición a la vida adulta, y de igual forma, ayudemos
desde pequeños a que crezcan con un autoconcepto claro. Para ello es
fundamental que desde casa les ayudemos a conocerse a sí mismos y a conocer
bien su entorno, su familia, identificar sus emociones, sus ansias, sus miedos…
Este pequeño artículo no
deja de ser un somero acercamiento a un universo amplísimo que, quizá en
próximas pueda ser ampliado.
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