Dispositivos digitales, infancia y respeto
(Parte 2)
Y ahora vamos con esos niños a partir de un año. Me valdré de una anécdota que me resultó de lo más curiosa. Hace un par de semanas, en un día festivo, salí a comer con mi familia. El restaurante estaba en un centro comercial, y estaba completamente lleno. Había muchísimas familias con niños tratando de entrar en cualquier restaurante que tuviera hueco para alguien que no hubiera realizado una reserva. Afortunadamente fui previsor y tenía mi mesa reservada desde hacía un par de días. Al final del primer plato me percaté de algo curioso: no se escuchaban niños. ¿Podía ser que no hubiera ninguno? Di una visual a aquel restaurante y ¡había muchísimos! Rápidamente lo comprendí todo: no había niño sin Tablet o Smartphone. Absolutamente todos ellos estaban haciendo uso de dispositivos digitales. ¡Dios mío, las tablets se han convertido en supernany!. El caso es que luego los adultos nos decimos entre nosotros que “nadie usa whatsapp en la cena”, “los teléfonos se dejan todos en la mesa del recibidor mientras comemos”, “no haces más que usar el iPad”…. Y luego somos los adultos los que les enseñamos a los niños a hacer estas cosas. Esa escena puede contemplarse también en el coche, para que los niños no den la lata, al igual que en casa, cuando queremos ver una película o cuando queremos “estar tranquilos”, así dicen algunos, dando a entender que dejar que su hijo juegue o quiera estar con sus padres interactuando sea no estar tranquilos. ¿No se volvería loco nuestro hijo si unos días le dejamos pintar las paredes y otros no? ¿Qué pensaría? ¿Hoy papá me regañará si pinto las paredes o me dirá que muy bien? ¿Qué dirá mamá hoy: que puedo estar con su teléfono jugando o se enfadará si me ve con él? Estamos volviendo locos a los niños. Y eso no es lo peor, les estamos haciendo adictos a una mala droga, ya que estamos enseñándoles a hacer uso del tiempo que a nosotros nos interesa de los dispositivos digitales, y no sólo eso, sino que tratamos de que sean aplicaciones o páginas muy entretenidas pero que no les aportan nada en realidad. Cuando los niños están en Primaria, sucede lo mismo: “Que jueguen a lo que quieran mientras nos dejen hablar a los adultos”. Pues no. Hoy y ahora sí, pero mañana en situaciones similares será un no. Nuevamente los enloquecemos. ¿Hay padres que invitan a sus hijos a escribir un cuento en Word en vez de que juegue al Clash of Clans cuando está aburrido? ¿Alguno ha propuesto a su hijo hacer una visita cultural por El Prado online en vez de que entre a ver unos dibujos animados en Youtube que no aportan absolutamente nada?
Nuevamente la obesidad tecnológica comienza a apropiarse de nuestros pequeños, pero es terrible, porque somos los padres los que les estamos ofreciendo alto contenido de grasas insaturadas, triglicéridos hasta aburrir, lipoproteínas de baja densidad (que son las que se conocen como “colesterol del malo”), incluso les estamos poniendo en una copa de balón llena de hielo una gVine (que es una ginebra Premium) con una tónica Premium también, cuando les decimos: “usa Youtube y mira lo que quieras, pero no molestes”.
Si educamos a nuestros hijos en cualquier aspecto, a lo largo de su vida adulta actuarán como tal. Si les enseñamos a saludar, saludarán, si les enseñamos a ceder el paso a otras personas en la puerta lo harán, al igual que si les explicamos que deben comer con la boca cerrada, dar las gracias, etc. ¿Cómo les estamos enseñando a divertirse? ¿Estamos siendo consecuentes en nuestra línea educativa? Creo que debemos hacer conciencia.
Pero esto no es lo que más me preocupa, no. Que estemos “cebando” a nuestros hijos a tiempo de consumo digital y les estemos haciendo “engordar” y que su sistema digital-cardiovascular esté completamente saturado, bueno, pase, al fin y al cabo somos las primeras generaciones de padres que conviven con hijos de estas edades y con la gran cantidad de dispositivos digitales. Lo que más me preocupa es que, al igual que nosotros tratamos de reproducir patrones paternales y maternales con nuestros hijos, ellos también reproducirán los patrones observados en su crianza, es decir, harán lo mismo con sus hijos. ¿Dónde, cuándo y quién hará que se cree el filtro? Aquel que sirva para decidir cuándo, cómo, cuánto y de qué tipo, y que, sobre todo, sea permanente en el tiempo, que tenga esa universalidad necesaria para la educación, que pueda presentar un patrón de conducta y que pueda aprenderse. Difícil tarea. Y más todavía si nos metemos en el terreno del respeto. El respeto desde la perspectiva de las TIC es triple:
- Uso de dispositivos digitales con respeto (saber cuándo usarlos y cuándo no)
- Consumo de contenidos digitales de forma respetuosa (saber qué contenidos conviene consumir y cuáles no)
- Generación de contenidos de forma respetuosa (saber qué clase de contenidos debe compartir y generar y cuáles no)
Con respecto al uso de dispositivos digitales de forma respetuosa hay mucho que tratar. Quién no ha visto a un grupo de adolescentes más o menos numeroso, sentados en un parque, y todos en silencio. También todos con sus teléfonos en las manos. ¿Es eso respeto? No. No hay respeto por uno mismo ni por los demás en este tipo de conductas, al igual que tampoco lo hay si se usa en una clase hacia el profesor, o si se hace uso del mismo mientras estás comiendo o hablando con otras personas. Lo cierto es que combatirlo es complicado, pero la clave se acerca al punto de crear espacios comunes, no físicos, sino cognitivos, emocionales y sociales. Cognitivos en el sentido de generar un espacio para el pensamiento, para la reflexión, para compartir aprendizajes. Emocionales en el puro sentido de crear vínculo. ¿Qué vínculo podemos crear con una persona que físicamente se encuentra frente a nosotros pero que comparte más tiempo en el plano virtual que en el real? Una nueva paradoja. Un nuevo sentido al estar sin estar, al hablar sin hablar. Por tanto espacios emocionales en los que el vínculo afectivo y físico se establezca, se mantenga, se alimente y se perpetúe. Con dicho vínculo, difícil será que la otra persona entre en lo virtual y se mantenga más allí que aquí. Los espacios sociales son también importantes. Nuevamente la clave reside en el vínculo, pero esta vez en el vínculo colectivo. Intereses personales que se hacen colectivos y se explotan en grupo, y lo bueno es que hay grupo a partir de dos.
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