viernes, 29 de noviembre de 2013

CASTIGOS Y TRABAJO TRAS CONFLICTOS SOCIALES EN NIÑOS Y ADOLESCENTES (Parte 6 - Lenguaje de la resolución del conflicto)

LENGUAJE DE LA RESOLUCIÓN DEL CONFLICTO: REPERTORIO CONDUCTUAL Y LENGUAJE EMOCIONAL

Es lógico que al tratar de resolver un conflicto de forma positiva (dentro de un conflicto también puede encontrarse una situación agresiva) se pretenda fomentar la empatía en las dos partes, es decir, invitarles a tratar de entender el mundo interior de la otra persona, los significados que ha dado a lo sucedido, los sentimientos que ha despertado en él esa situación, etc., en definitiva, ponerse en la piel del otro, coloquialmente hablando. La empatía, sin duda alguna, proveerá al escolar de un amplio lenguaje emocional que hay que tratar con él. Habrá que diferenciar entre las emociones que ha sentido en el momento de la pelea, de la situación conflictiva. En ocasiones, los niños sienten indefensión, vergüenza, miedo, enfado, retraimiento, susto, ira... y reaccionan con la misma conducta para todas ellas. Se está desarrollando una situación que no es adecuada. No se puede reaccionar de igual forma frente a diferentes emociones. Hacerlo sería semejante a abrigarnos más (conducta) cuando tenemos sensación de sed (emoción). Lógicamente, ponernos más ropa no hará que la sed desaparezca. En el caso que nos ocupa, el niño que siente vergüenza y reacciona como si sintiera ira iniciando una pelea, no atenderá a su vergüenza y, por consiguiente, no existirá ningún tipo de respuesta a su emoción. El niño que siente enfado y reacciona insultando a un compañero o ridiculizándole, tampoco colmara su necesidad con esa conducta, no obstante, son conductas observadas con frecuencia por los niños en televisión, en anécdotas contadas, en cómics, etc. y conductas muy propias como respuesta a un gran aumento del estado de ansiedad debido a la fuerte activación fisiológica producida por la participación del sistema nervioso simpático que provoca en todos los seres humanos sanos, a grandes rasgos, dilatación pupilar, aumento de la fuerza, incremento de la frecuencia cardíaca, broncodilatación, inhibición del persitaltismo intestinal y estimulación de las glándulas suprarrenales, las cuales, en su función de reguladoras del estrés, sintetizarán corticoesteroides (cortisol  comúnmente, que incrementará el nivel de azúcar en sangre, suprimirá el sistema inmunológico y prestará apoyo al metabolismo de grasas, proteínas y carbohidratos) y catecolaminas (adrenalina, que provocará vasoconstricción, dilatación de la vía aérea y activará la respuesta de lucha y la respuesta de huída para escapar de esa situación a la que percibe como amenazante). Por tanto, el no saber responder a la emoción adecuada, llevará a nuestros escolares a generar ansiedad. Ya lo he tratado con anterioridad, los niños bien adaptados socialmente (que saben responder a sus emociones y presentan un buen autoconcepto) presentan niveles bajos de ansiedad y viceversa.

Entre otros muchos, este es uno de los motivos que nos deben llevar a ampliar ese lenguaje emocional y enseñar al niño a responder conductualmente de una forma ajustada a la emoción experimentada, para reducir su nivel de ansiedad y solucionar la situación conflicto.
De tal forma, por ese aprendizaje basado en las consecuencias obtenidas al que he aludido en varias ocasiones en el presente artículo, el niño que se pelea o responde de forma no acorde con su estado emocional, aprende que esa conducta, propia de un estado de ansiedad, le libera de dicha activación simpática (del sistema nervioso simpático)pero no per se, sino que lo hace porque el adulto o compañeros intervienen y cortan la situación. El aprendizaje que está obteniendo es: frente a la ansiedad y con todas mis armas fisiológicas que me apoyan, pegarme me ayuda a evitar esa situación ya que alguien cortará el problema. Es decir, no sólo ganamos una pelea, un comportamiento disruptivo, insultos, vejaciones, etc. sino que estamos motivando el aprendizaje de una conducta de escape, traducido a nuestro lenguaje coloquial, una conducta de no afrontar el problema. Esto también sucede cuando invitamos a nuestros hijos a responder de forma agresiva ante otros iguales. Les estamos conduciendo al terreno de un mal aprendizaje, un aprendizaje de escapar de la situación que no sabe manejar, aumentar sus niveles de ansiedad (y por tanto disminuir su autoconcepto), cognitivamente les invitamos a pensar que no son capaces de resolver sus problemas, y les privamos de lo que una resolución de conflictos puede aportarle (todo lo tratado del lenguaje emocional, inteligencia verbal, etc.)

Muchas veces se habla de castigar, en el sentido estricto (a mí me gusta más emplear el concepto obsoleto o rústico). Parece ser muy sencillo al existir una fórmula: un niño se porta mal y se le impone un castigo. Pongamos un ejemplo. Dos niños están jugando al fútbol en el patio junto a sus compañeros. Uno de ellos mete un gol y lo celebra emulando a alguno de sus ídolos de la liga de fútbol profesional. El segundo niño se siente mal, porque quizá ese día ha discutido con su madre en el coche, no ha sido capaz de resolver unas actividades de matemáticas en clase y se ha olvidado la merienda en casa. Este niño siente frustración y alcanza un tope con la celebración de ese gol. Entonces, dado que no es experto en el manejo de sus emociones, empatía, ni en resolución de conflictos (tanto propios como ajenos) reacciona insultando al primer niño (el goleador) quien nunca mete goles y al que en casa no le suelen reconocer los logros ya que sus padres son tan exigentes que sólo valoran la perfección sin atender al desarrollo de su propio hijo. También alcanza una situación compleja, y como tampoco sabe manejar la situación propia y la vivida a nivel externo, le pega una patada al segundo niño. En este momento se genera una actividad simpática exagerada y tenemos todos los ingredientes para una gran pelea. Es momento de que el adulto entre en juego. El profesor vigilante, observa la pelea y corre a detenerla. Se encuentra frente a un dilema: castigo o resuelvo el conflicto. Sin duda alguna de su acción se determinará el aprendizaje en uno y otro sentido de ambos escolares.
Si les castiga y no sucede nada más, supongamos que les manda quedarse a cada uno de ellos quieto en un lado del patio, ambos acudirán a su sitio (obediencia a la autoridad), pero en este lugar, cada uno seguirá con sus emociones iniciales más acentuadas y con el aprendizaje superficial que he tratado anteriormente: pegarme me libera de la situación, me hace escapar. Pero no resuelve nada. ¿Cuántas probabilidades existen de que estos niños vuelvan a pelearse otra vez más, sin saber por qué? Muchas. Sin duda.

Sin embargo, si se produce una correcta resolución del conflicto en el que se aborda el inicio de la pelea, el por qué de la misma, qué ha sucedido con anterioridad, o nos preocupamos por la vida de cada uno (por esto es importantísimo y posee un carácter realmente fundamental que el inicio de la resolución pase por los tutores que son quienes conocen bien el contexto de cada uno de sus alumnos) se atenderá a su problemática real y tendremos casi un 100% de probabilidades de resolución productiva y solución del problema. No obstante, existen unas normas. El colegio es una minisociedad y como tal, los niños deben aprender que a toda acción  le sigue una consecuencia. Este es el por qué del castigo (en el sentido punitivo) y no otro. No deben esperarse grandes cambios en un estudiante que sólo recibe un castigo. El único cambio esperable es el cambio por el miedo a las consecuencias o a la regañina en casa de los padres, pero nunca estaremos solucionando el problema como debiéramos. Sin duda alguna, las consecuencias punitivas deben existir, sin duda alguna subrayo, pero no para solucionar el problema, sino para que los niños aprendan sobre las consecuencias, sobre la responsabilidad, sobre la causa y el efecto, respeto a las normas, obediencia, etc.

Para ir concluyendo, me gustaría acercarme más concretamente a los adolescentes (aunque todo lo expuesto con anterioridad sirve para ellos, sin duda alguna). Al inicio del artículo hacía referencia al lóbulo frontal, como beneficiario de una resolución positiva de un conflicto. Pues bien, es momento de abordarlo como gran perjudicado en un castigo  a la usanza tradicional.

¿Saben ustedes que el parte frontal del cerebro es la parte que más tiempo tarda en desarrollarse? Tal es así, que hasta los 22 años, no termina su madurez. En el lóbulo frontal encontramos un cúmulo de funciones cruciales para la vida de una persona: las funciones ejecutivas. En anteriores entregas ya les hablé de ellas. Pues bien, como ya he mostrado, el castigo tradicional, tan solo sirve para lo expuesto, sin embargo la resolución positiva de un conflicto, aporta a los escolares todo lo tratado, pero no sólo eso. Tiene una importantísima participación en prácticamente todas las actividades de la función ejecutiva:
- Planificación: metas a corto y largo plazo y procesos intermedios, aspectos en los que la situación inicial, la motivación personal y la percepción de la relación del escolar con el mundo son fundamentales
- Control inhibitorio: inhibición de conductas impulsivas. Muy relacionado con el autocontrol, y disminución y manejo de la ansiedad.
-Flexibilidad cognitiva: alternancia de esquemas de pensamiento y de acción, adaptación a los cambios ambientales, adaptación a los cambios en las condiciones de realización de la tarea, cambios de estrategia, elaboración de nuevas estrategias, no generalización de circunstancias.
- Memoria de trabajo: mantenimiento de información activa durante un periodo de tiempo determinado en ausencia del estímulo, capacidad de resolución de problemas haciendo uso de la información retenida.
- Fluidez: velocidad y precisión en la búsqueda de información y en la actualización de la misma.

También influye cualitativa y cuantitativamente, pero en un sentido algo menos visible en el transcurso de una pelea o situación disruptiva, en el sistema de supervisión atencional (diversas situaciones con opciones de respuesta que requieran una toma de decisiones), atención focalizada, flexibilidad reactiva y espontánea, previsión, monitorización, razonamiento y abstracción.

Por tanto, el castigo sancionador de forma exclusiva no sólo no es eficaz, sino que priva al escolar del entrenamiento en inteligencia verbal, numérica, perceptiva, social, le impide experimentar en el terreno emocional, le dificulta la forma correcta de responder frente a sus propias emociones, le aparta del aprendizaje del vocabulario emocional, incrementa su ansiedad, no soluciona el problema real, no le permite tener un autoconcepto ajustado ni elaborar un autoconcepto acorde con el nivel de desarrollo evolutivo, y le supondrá perder muchísimas oportunidades para entrenar la función ejecutiva, tan importante en la vida.

Aun así, con lo expuesto, quizá alguno de ustedes piense: "Sí, pero a mí me castigaban y no lo volvía a hacer". Yo les contesto: si emulara a Freud en el consumo de esa sustancia de la que anteriormente he hablado, a día de hoy, me seguiría generando exactamente los mismos efectos que a él, a los que describía maravillado, no obstante, las consecuencias que conocemos a día de hoy acerca del consumo de este anestésico, me indican que no debo hacerlo. Por tanto, usted, que ahora ya conoce las últimas investigaciones sobre el castigo, debe concluir que, aunque generará el mismo efecto, el conocimiento generado en las últimas décadas indica que no debe hacerse de forma exclusiva. 

CASTIGOS Y TRABAJO TRAS CONFLICTOS SOCIALES EN NIÑOS Y ADOLESCENTES (Parte 5 - Relaciones entre socialización, inteligencia y autoconcepto)

DE LA RELACIÓN ENTRE LA SOCIALIZACIÓN Y LA INTELIGENCIA

Comenzando por desarrollar la relación que la socialización guarda con la inteligencia, podemos recurrir a Garaigordobil (1993) quien concluye que aquellos estudiantes que muestran una buena adaptación social, con conductas de liderazgo (entendiendo a este en el sentido de iniciativa y no en el mal sentido traducido en tiranía e imposición  con el que muchas veces se hace referencia al mismo), autocontrol, sin muestras de ansiedad, timidez, apatía o retraimiento, ofrecían en diferentes pruebas aplicadas un correcto nivel en las aptitudes verbal, numérica y perceptiva, asociadas las tres, al fenómeno escolar. Existen una gran cantidad de investigaciones al respecto que confirman dichos resultados. Así encontramos estudios, por citar los más representativos, como los de Bilings, 1997; Hair, Jager & Garret (2001).
La traducción a pié de aula que debemos hacer de estos aspectos tratados camina en el sentido de mediar un diálogo entre ambas partes en el que los estudiantes observen estrategias lingüísticas que se relacionan con un amplio léxico emocional, del que hablaré más adelante, y estratégico, en lo que al repertorio de lenguaje se refiere. Aprenden a iniciar la resolución de sus propios conflictos con ese lenguaje que escuchan del adulto y que poco a poco, van haciendo propio. Obviamente, todo requiere un aprendizaje. ¿Significa esto que un niño debe mantener muchas situaciones de conflicto con otros? No, rotundamente. Debe aprovechar la situación de conflicto tanto propia como ajena para observar diferentes lenguajes adultos (o infantiles si los niños son ya expertos en la resolución de su propio conflicto) y observar. El aprendizaje y la asunción de ese lenguaje llegará solo en el momento que asocien estrategias lingüísticas con resolución eficaz del conflicto, tanto del propio como del ajeno. De igual forma, el saberse conocedor de estas estrategias no sólo ayuda a la resolución del conflicto, sino que entrena al niño en el autocontrol, pues hemos ampliado su repertorio cognitivo para afrontarse a un conflicto, y como consecuencia directa, desaparecerá la pelea como primer medio de resolución de una situación no deseada y, a su vez, esto llevará al niño a reducir los niveles de ansiedad propios en el ser humano al experimentar una situación disruptiva (sea parte atacada o parte atacante). Podríamos entrar a valorar las repercusiones fisiológicas que la ansiedad tiene sobre el cuerpo humano, no obstante, me reservo una rápida explicación de las mimas para unas líneas más abajo. Reducir la ansiedad en los escolares es muy importante, pues la ansiedad juega un papel importante en el autoconcepto: bajos niveles de ansiedad correlacionan en diferentes investigaciones, entre ellas la de Garaigordobil, Cruz, Pérez, (2003) con un autoconcepto elevado.

DE LA RELACIÓN ENTRE LA SOCIALIZACIÓN Y EL AUTOCONCEPTO

Y el autoconcepto... es importante. Asociando conducta social y autoconcepto, una gran cantidad de autores, entre ellos Calvo, Gonzalez y Matorell (2001) concluyen tras sus investigaciones que aquellos estudiantes con un autoconcepto alto, presentan conductas sociales adaptativas, prosociales, de ayuda y de respeto. Estos trabajos concuerdan con otra gran cantidad de estudios, destacando los de Fordham y Stevenson (1999) en los que se aprecia que un autoconcepto elevado evita conductas de aislamiento, timidez y retraimiento.

Si entramos en el terreno del comportamiento agresivo, dicho fenómeno, al relacionarlo con el autoconcepto, puede estar distorsionado, pues en muchas ocasiones, estas conductas suceden porque el escolar agresivo (conviene hilar fino para diferenciar al niño con mal comportamiento, o comportamiento social negativo de aquel que es agresivo) sobrevalora su autoconcepto distorsionándolo o, en ciertas ocasiones, como defensa frente a otras situaciones (relaciones conflictivas en el hogar, maltrato, etc.)

CASTIGO Y TRABAJO TRAS CONFLICTOS SOCIALES EN NIÑOS Y ADOLESCENTES(Parte 4 - Un gran repertorio)

UN GRAN REPERTORIO
Tal y como anotaba antes de hablar de esta sustancia, los niños hacen uso de su repertorio cognitivo y de su repertorio conductual a la hora de solventar problemas. No sólo los niños hacen uso de estos repertorios, sino que los adultos somos capaces de actuar en todos los aspectos de nuestra vida en virtud de los esquemas y las relaciones causa - efecto que hemos ido estableciendo en toda nuestra vida. Desde operaciones tan sencillas y simples como: si mi coche se queda sin gasolina - no andará, debo poner gasolina - el coche seguirá andando - soluciono el problema. ¿Alguien ha dudado de esta operación? Yo no conozco a ninguna persona sana que lo haya dudado. 


Dicha actividad, liviana y sin una gran implicación, es un esquema muy básico que seguimos durante muchos años de nuestra vida. Pues bien, los niños, en su problemática habitual, muchas veces al día se enfrentan a cientos de dilemas de índole social. En los últimos 5 años he centrado una parte importante del tiempo que dedico al estudio (y es muy amplio este tiempo en mi día a día, se lo puedo asegurar) a observar, comprender, entender y lograr manejar la socialización de los estudiantes escolares. 



Mis conclusiones al respecto, tras mucha bibliografía trabajada, es que algo tan sencillo como la forma en la que  un escolar se enfrenta a un problema y, más aún, la forma en la que el escolar o los adultos que conviven con este escolar (bien sean padres, bien sean profesores) está directamente relacionada con la madurez intelectual, el autoconcepto y un amplio elenco de dimensiones de la personalidad de los escolares, de la personalidad infantil. Sin duda alguna, la estabilidad emocional es uno de esos factores, al que le acompaña, estrechamente ligado del brazo, la sensibilidad del niño, la dominancia y la estabilidad, pero no se queda ahí la cosa, sino que todo ello gira en torno a la inteligencia verbal, inteligencia social y, desde una perspectiva más neuropsicológica, al desarrollo del lóbulo frontal y así es, ya que el fenómeno de la conducta socio- infantil entre iguales está estrechamente relacionado con el desarrollo de una gran cantidad de aspectos cognitivos, emocionales y, en cierto modo, neurológicos.



El conflicto, la pelea, la disrupción surgen siempre en el transcurso de una relación social. Las relaciones sociales, es obvio, son fundamentales para el desarrollo evolutivo de los niños en lo referente al plano social, emocional e intelectual. 

CASTIGOS Y TRABAJO TRAS CONFLICTOS SOCIALES EN NIÑOS Y ADOLESCENTES (Parte 3 - Soñando con alcanzar imposibles)

SOÑANDO CON ALCANZAR IMPOSIBLES

Sin ningún temor afirmo rotundamente que castigar es la tarea más compleja que existe.
Encontrar el castigo correcto, aplicarlo de la forma adecuada, en el momento exacto, durante
el tiempo preciso y con la intensidad necesaria, créanme, es una tarea cercana a lo imposible.
Sí, ya lo sé. Todos hemos castigado en algún momento de nuestras vidas a nuestros hijos,
sobrinos, nietos... y, efectivamente, todos hemos sido castigados y, efectivamente modulábamos nuestra conducta....
Permítanme realizar un cambio radical en el desarrollo de este artículo.

¿Cuál fue el sueño que interpretó?
Era el año 1859 cuando Albert Niemann, farmacéutico y químico alemán, aisló, dos años
antes de su fallecimiento, un alcaloide tropano cristalino: benzoilmetilecgonina, que llevaba
dando vueltas por Europa desde 1750. Freud se topó con este fármaco (ya que desde 1880 este alcaloide se encontraba inscrito en la lista oficial de drogas de la farmacopea de los EEUU) y fue en abril de 1884 cuando se aventuró a probarlo y así lo anotó en algunos ensayos realizados, tras leer los estudios americanos y no se debilitó su pluma a la hora de mostrar sorpresa pública al comentar que quedó maravillado con la publicación de Aschendbrandt. Tales eran las maravillas de este fármaco que decidió tratar a un amigo suyo con el alcaloide aislado por Niemann (su amigo era adicto a la morfina). Ese mismo año, alentado por Freud, su colega Koller decide investigar con esa sustancia en los ojos de las ranas y en el ojo humano, descubriendo sus propiedades como anestésico local. Desde entonces (1884) comenzó a emplearse en una gran cantidad de clínicas del mismo país como anestésico. En diciembre de ese mismo año.
Freud publica en St. Louis Medical and Surgical Journal las propiedades de este anestésico casi
a la vez que Hall y Halsted informan del bloqueo de transmisión de sensaciones tras la inyección de esta sustancia en un nervio. Realmente era una sustancia interesantísima: estimulaba el sistema nervioso central, suprimía el apetito, además, era posible su uso como anestésico tópico. A su vez, actuaba como recaptador de la serotonina, de la norepinefrina y de la dopamina (lo que le sirvió para ganarse el nombre de inhibidor de recaptación triple), además, mediaba la funcionalidad de dichos neurotransmisores comportándose como un ligando exógeno en el transporte de catecolaminas. ¡Era una maravilla para el ser humano! Anestesiaba, estimulaba el SNC y no sólo eso, sino que cruzaba la barrera hematoencefálica con refuerzo varias veces superior a muchas otras sustancias químicas con actividad psicoactiva. En 1885 Fleischel (el amigo al que Freud comenzó a tratar con esta
sustancia), gran consumidor del anestésico, describió una psicosis paranoide, posiblemente
de naturaleza tóxica: chinches de esta sustancia que se arrastraban hacia él. Surgen las primeras críticas hacia Freud, quien aseguraba que esta sustancia no generaba ningún mal. Comienza a calificarse al anestésico como "el tercer azote de la humanidad".
Poco a poco, Freud comienza a retractarse de sus elogios al anestésico, pero incrementa su consumo. Tal fue la repercusión de esta sustancia que hasta Sir Arthur Conan Doyle describió en El signo de los cuatro (1888) el consumo de este anestésico, por vía parenteral, en una de las hazañas del ilustre Sherlock Holmes.
En 1900 (aunque realmente fue en 1899), Freud, gran usuario y gran consumidor de la benzoilmetilecgonina , publica Die Traumdeutung, obra conocida en español como La interpretación de los sueños . Hasta 1903, cierta bebida muy comercializada en la actualidad, incluía 9 mg. de esta sustancia (algunos no saben que a día de hoy esta bebida contiene extractos no alcaloides de la misma). La bebida es Coca Cola y el anestésico al que me he referido reiteradamente y del que he relatado parte de su historia es la cocaína, sustancia ilegal, nociva y prohibida en todo el mundo salvo en algún país de Europa donde puede ser empleada como anestésico local.

Tras esta no caprichosa, pero sí superficial historia de la cocaína, retomaremos el tema que nos ocupa: los castigos.

CASTIGOS Y TRABAJO TRAS CONFLICTOS SOCIALES EN NIÑOS Y ADOLESCENTES (Parte 2 - Sobre el castigo físico y el aprendizaje vicario)

SOBRE EL CASTIGO FÍSICO Y EL APRENDIZAJE VICARIO

Hablar de castigo físico en la segunda década del siglo XXI parece algo desfasado y totalmente antiguo, no obstante, en el mes de mayo de 2010, apareció una interesante publicación sobre el castigo físico a los niños, en Pediatrics (Official Journal of the American Academy of Pediatrics), en el que la Dra. Catherine Taylor, directora de una investigación longitudinal que estudió entre 1998 y 2005 a la población de niños castigados físicamente entre los 3 y 5 años, concluía que el castigo físico generaba agresividad en los niños y que dichos niños aprendían esa forma de solventar sus diferencias con sus iguales.

Sería interesante seguir esa muestra de niños para ver por dónde les lleva la vida. Tan sólo con observar esta conclusión, la Dra. Taylor está haciendo referencia a un aprendizaje vicario (del que hablé en anteriores artículos de esta misma revista), un aprendizaje observacional.

El niño observa cómo es él castigado y aprecia que las consecuencias que sus padres, sus castigadores, pretenden en él se muestran tal y como esperaban, es decir, el aprendizaje es: mis padres quieren que me porte bien, me pegan, y yo me porto bien. Cuando este niño quiera jugar al fútbol y no le dejen, mostrará este esquema cognitivo que constituye prácticamente el 100% de su repertorio conductual (el niño siempre ha sido corregido de esta manera) y lo traducirá a la situación: quiero jugar al fútbol, no me dejan, les pego, me dejan jugar al fútbol. Obviamente luego recibirá otras consecuencias por la acción cometida, no obstante, el niño ha jugado al fútbol, ha conseguido lo que quería y en el momento en el que quería. El coste inmediato de su conducta es igual a cero y aquí viene uno de los grandes dilemas que constituye un auténtico Otras maneras más sabias y eficaces de enfocar el castigo

Castigos y trabajo tras conflictos sociales en niños y adolescentes quebradero de cabeza para aquéllos que tratamos de mezclar conducta, educación, psicología, neurociencia y enseñanza.

CASTIGOS Y TRABAJO TRAS CONFLICTOS SOCIALES EN NIÑOS Y ADOLESCENTES (Parte 1 - Una historia de violencia)

UNA HISTORIA DE VIOLENCIA


Era una tarde de lluvia y la televisión dejó de verse, posiblemente por un apagón. Había una fuerte tormenta eléctrica. Marta tenía 17 años y algunos números muy impactantes en su haber: 4 costillas rotas, 1 desprendimiento de retina, 2 fracturas de cúbito, 1 fractura de radio, 1 mes en cama por una fractura de tibia, 2 fracturas de huesos propios, aproximadamente unos 50 puntos a lo largo de su piel y una tristeza infinita junto a una desolación prácticamente indescriptible. Esa mañana Marta había cometido el terrible error de dejar abierta la puerta de su habitación mientras ésta se ventilaba. Su padre, observó con horror dicha situación. Marta ya sabía lo que le esperaba cuando sus primos se fueran a su casa, ya que habían pasado la noche ahí. Eran las siete de la tarde y seguía lloviendo. El teléfono sonó: "En cinco minutos iremos a recoger a los niños". Eran los tíos de Marta. En poco tiempo iba a ampliar esa lista de números que trágicamente aun recuerda. Ella lo describía como un tobogán en el que iba bajando y, según bajaba, el miedo, la desesperación, la impotencia, la incomprensión, la vergüenza y el sentimiento de culpabilidad, se apoderaban de ella. Ese día, se apoderaron de ella hasta el punto de dirigirse a la cocina, abrir un cajón, sacar un cuchillo y dirigirse al cuarto de baño. Se encerró. Intentó acabar con su vida durante 10 minutos, otro número que nunca olvidará. "No hacía más que mirar al reloj y decirme a mí misma: cuando pasen 10 segundos lo hago, pero nunca sacaba la fuerza suficiente para hacerlo". Tras haber fallado durante 3 minutos, comenzó a llorar. Ella pensaba "Ni para esto sirvo". Su madre, a los 10 minutos escuchó los sollozos. Su padre se encontraba sentado en el salón leyendo. La madre llamó a la puerta. Marta dejó de llorar. "En ese momento vi la solución" me dijo. Prosiguió: "Abrí la puerta sonriendo y feliz, pero aun con lágrimas en los ojos y el rostro compungido seguramente, y miré a mi madre y le dije, por favor, acaba con esto, déjame descansar, acaba conmigo", ofreciéndole el cuchillo. Ese día, el padre fue detenido por la policía tras la denuncia de la madre de Marta, la cual sumó su primer y último número: 1 traumatismo craneoencefálico leve. Conocí a Marta 20 años después, cuando vino para que conociera a su hija de 10 años que parecía sufrir ciertas complicaciones de relación con sus compañeros en el Colegio. Antes de contarme nada de lo relatado anteriormente me dijo: "Yo jamás le diré que pegue a nadie, eso lo hacía mi padre conmigo, y no me sirvió para nada más que para odiarle". Actualmente, tres años después de que nos conociéramos, Marta es feliz junto con sus 2 hijas y su marido, también son ellos felices, en un bonito, debe serlo, pueblo cercano a Vancouver.