viernes, 29 de noviembre de 2013

CASTIGOS Y TRABAJO TRAS CONFLICTOS SOCIALES EN NIÑOS Y ADOLESCENTES (Parte 1 - Una historia de violencia)

UNA HISTORIA DE VIOLENCIA


Era una tarde de lluvia y la televisión dejó de verse, posiblemente por un apagón. Había una fuerte tormenta eléctrica. Marta tenía 17 años y algunos números muy impactantes en su haber: 4 costillas rotas, 1 desprendimiento de retina, 2 fracturas de cúbito, 1 fractura de radio, 1 mes en cama por una fractura de tibia, 2 fracturas de huesos propios, aproximadamente unos 50 puntos a lo largo de su piel y una tristeza infinita junto a una desolación prácticamente indescriptible. Esa mañana Marta había cometido el terrible error de dejar abierta la puerta de su habitación mientras ésta se ventilaba. Su padre, observó con horror dicha situación. Marta ya sabía lo que le esperaba cuando sus primos se fueran a su casa, ya que habían pasado la noche ahí. Eran las siete de la tarde y seguía lloviendo. El teléfono sonó: "En cinco minutos iremos a recoger a los niños". Eran los tíos de Marta. En poco tiempo iba a ampliar esa lista de números que trágicamente aun recuerda. Ella lo describía como un tobogán en el que iba bajando y, según bajaba, el miedo, la desesperación, la impotencia, la incomprensión, la vergüenza y el sentimiento de culpabilidad, se apoderaban de ella. Ese día, se apoderaron de ella hasta el punto de dirigirse a la cocina, abrir un cajón, sacar un cuchillo y dirigirse al cuarto de baño. Se encerró. Intentó acabar con su vida durante 10 minutos, otro número que nunca olvidará. "No hacía más que mirar al reloj y decirme a mí misma: cuando pasen 10 segundos lo hago, pero nunca sacaba la fuerza suficiente para hacerlo". Tras haber fallado durante 3 minutos, comenzó a llorar. Ella pensaba "Ni para esto sirvo". Su madre, a los 10 minutos escuchó los sollozos. Su padre se encontraba sentado en el salón leyendo. La madre llamó a la puerta. Marta dejó de llorar. "En ese momento vi la solución" me dijo. Prosiguió: "Abrí la puerta sonriendo y feliz, pero aun con lágrimas en los ojos y el rostro compungido seguramente, y miré a mi madre y le dije, por favor, acaba con esto, déjame descansar, acaba conmigo", ofreciéndole el cuchillo. Ese día, el padre fue detenido por la policía tras la denuncia de la madre de Marta, la cual sumó su primer y último número: 1 traumatismo craneoencefálico leve. Conocí a Marta 20 años después, cuando vino para que conociera a su hija de 10 años que parecía sufrir ciertas complicaciones de relación con sus compañeros en el Colegio. Antes de contarme nada de lo relatado anteriormente me dijo: "Yo jamás le diré que pegue a nadie, eso lo hacía mi padre conmigo, y no me sirvió para nada más que para odiarle". Actualmente, tres años después de que nos conociéramos, Marta es feliz junto con sus 2 hijas y su marido, también son ellos felices, en un bonito, debe serlo, pueblo cercano a Vancouver. 

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