UNA
HISTORIA DE VIOLENCIA
Era una
tarde de lluvia y la televisión dejó de verse, posiblemente por un apagón.
Había una fuerte tormenta eléctrica. Marta tenía 17 años y algunos números muy
impactantes en su haber: 4 costillas rotas, 1 desprendimiento de retina, 2
fracturas de cúbito, 1 fractura de radio, 1 mes en cama por una fractura de
tibia, 2 fracturas de huesos propios, aproximadamente unos 50 puntos a lo largo
de su piel y una tristeza infinita junto a una desolación prácticamente
indescriptible. Esa mañana Marta había cometido el terrible error de dejar
abierta la puerta de su habitación mientras ésta se ventilaba. Su padre,
observó con horror dicha situación. Marta ya sabía lo que le esperaba cuando
sus primos se fueran a su casa, ya que habían pasado la noche ahí. Eran las
siete de la tarde y seguía lloviendo. El teléfono sonó: "En cinco minutos
iremos a recoger a los niños". Eran los tíos de Marta. En poco tiempo iba
a ampliar esa lista de números que trágicamente aun recuerda. Ella lo describía
como un tobogán en el que iba bajando y, según bajaba, el miedo, la desesperación,
la impotencia, la incomprensión, la vergüenza y el sentimiento de culpabilidad,
se apoderaban de ella. Ese día, se apoderaron de ella hasta el punto de
dirigirse a la cocina, abrir un cajón, sacar un cuchillo y dirigirse al cuarto
de baño. Se encerró. Intentó acabar con su vida durante 10 minutos, otro número
que nunca olvidará. "No hacía más que mirar al reloj y decirme a mí misma:
cuando pasen 10 segundos lo hago, pero nunca sacaba la fuerza suficiente para
hacerlo". Tras haber fallado durante 3 minutos, comenzó a llorar. Ella
pensaba "Ni para esto sirvo". Su madre, a los 10 minutos escuchó los
sollozos. Su padre se encontraba sentado en el salón leyendo. La madre llamó a
la puerta. Marta dejó de llorar. "En ese momento vi la solución" me
dijo. Prosiguió: "Abrí la puerta sonriendo y feliz, pero aun con lágrimas
en los ojos y el rostro compungido seguramente, y miré a mi madre y le dije,
por favor, acaba con esto, déjame descansar, acaba conmigo", ofreciéndole
el cuchillo. Ese día, el padre fue detenido por la policía tras la denuncia de
la madre de Marta, la cual sumó su primer y último número: 1 traumatismo
craneoencefálico leve. Conocí a Marta 20 años después, cuando vino para que
conociera a su hija de 10 años que parecía sufrir ciertas complicaciones de relación
con sus compañeros en el Colegio. Antes de contarme nada de lo relatado
anteriormente me dijo: "Yo jamás le diré que pegue a nadie, eso lo hacía
mi padre conmigo, y no me sirvió para nada más que para odiarle".
Actualmente, tres años después de que nos conociéramos, Marta es feliz junto
con sus 2 hijas y su marido, también son ellos felices, en un bonito, debe
serlo, pueblo cercano a Vancouver.
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