DE LA RELACIÓN
ENTRE LA SOCIALIZACIÓN Y LA INTELIGENCIA
Comenzando por desarrollar la relación que la socialización
guarda con la inteligencia, podemos recurrir a Garaigordobil (1993) quien
concluye que aquellos estudiantes que muestran una buena adaptación social, con
conductas de liderazgo (entendiendo a este en el sentido de iniciativa y no en
el mal sentido traducido en tiranía e imposición con el que muchas veces se hace referencia al
mismo), autocontrol, sin muestras de ansiedad, timidez, apatía o retraimiento,
ofrecían en diferentes pruebas aplicadas un correcto nivel en las aptitudes
verbal, numérica y perceptiva, asociadas las tres, al fenómeno escolar. Existen
una gran cantidad de investigaciones al respecto que confirman dichos
resultados. Así encontramos estudios, por citar los más representativos, como
los de Bilings, 1997; Hair, Jager & Garret (2001).
La traducción a pié de aula que debemos hacer de estos aspectos
tratados camina en el sentido de mediar un diálogo entre ambas partes en el que
los estudiantes observen estrategias lingüísticas que se relacionan con un
amplio léxico emocional, del que hablaré más adelante, y estratégico, en lo que
al repertorio de lenguaje se refiere. Aprenden a iniciar la resolución de sus
propios conflictos con ese lenguaje que escuchan del adulto y que poco a poco,
van haciendo propio. Obviamente, todo requiere un aprendizaje. ¿Significa esto
que un niño debe mantener muchas situaciones de conflicto con otros? No,
rotundamente. Debe aprovechar la situación de conflicto tanto propia como ajena
para observar diferentes lenguajes adultos (o infantiles si los niños son ya
expertos en la resolución de su propio conflicto) y observar. El aprendizaje y
la asunción de ese lenguaje llegará solo en el momento que asocien estrategias
lingüísticas con resolución eficaz del conflicto, tanto del propio como del
ajeno. De igual forma, el saberse conocedor de estas estrategias no sólo ayuda
a la resolución del conflicto, sino que entrena al niño en el autocontrol, pues
hemos ampliado su repertorio cognitivo para afrontarse a un conflicto, y como
consecuencia directa, desaparecerá la pelea como primer medio de resolución de
una situación no deseada y, a su vez, esto llevará al niño a reducir los
niveles de ansiedad propios en el ser humano al experimentar una situación
disruptiva (sea parte atacada o parte atacante). Podríamos entrar a valorar las
repercusiones fisiológicas que la ansiedad tiene sobre el cuerpo humano, no
obstante, me reservo una rápida explicación de las mimas para unas líneas más
abajo. Reducir la ansiedad en los escolares es muy importante, pues la ansiedad
juega un papel importante en el autoconcepto: bajos niveles de ansiedad correlacionan
en diferentes investigaciones, entre ellas la de Garaigordobil, Cruz, Pérez,
(2003) con un autoconcepto elevado.
DE LA RELACIÓN
ENTRE LA SOCIALIZACIÓN Y EL AUTOCONCEPTO
Y el autoconcepto... es importante. Asociando conducta social
y autoconcepto, una gran cantidad de autores, entre ellos Calvo, Gonzalez y
Matorell (2001) concluyen tras sus investigaciones que aquellos estudiantes con
un autoconcepto alto, presentan conductas sociales adaptativas, prosociales, de
ayuda y de respeto. Estos trabajos concuerdan con otra gran cantidad de
estudios, destacando los de Fordham y Stevenson (1999) en los que se aprecia
que un autoconcepto elevado evita conductas de aislamiento, timidez y
retraimiento.
Si entramos en el terreno del comportamiento agresivo, dicho
fenómeno, al relacionarlo con el autoconcepto, puede estar distorsionado, pues
en muchas ocasiones, estas conductas suceden porque el escolar agresivo
(conviene hilar fino para diferenciar al niño con mal comportamiento, o
comportamiento social negativo de aquel que es agresivo) sobrevalora su
autoconcepto distorsionándolo o, en ciertas ocasiones, como defensa frente a
otras situaciones (relaciones conflictivas en el hogar, maltrato, etc.)
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