viernes, 29 de noviembre de 2013

CASTIGOS Y TRABAJO TRAS CONFLICTOS SOCIALES EN NIÑOS Y ADOLESCENTES (Parte 3 - Soñando con alcanzar imposibles)

SOÑANDO CON ALCANZAR IMPOSIBLES

Sin ningún temor afirmo rotundamente que castigar es la tarea más compleja que existe.
Encontrar el castigo correcto, aplicarlo de la forma adecuada, en el momento exacto, durante
el tiempo preciso y con la intensidad necesaria, créanme, es una tarea cercana a lo imposible.
Sí, ya lo sé. Todos hemos castigado en algún momento de nuestras vidas a nuestros hijos,
sobrinos, nietos... y, efectivamente, todos hemos sido castigados y, efectivamente modulábamos nuestra conducta....
Permítanme realizar un cambio radical en el desarrollo de este artículo.

¿Cuál fue el sueño que interpretó?
Era el año 1859 cuando Albert Niemann, farmacéutico y químico alemán, aisló, dos años
antes de su fallecimiento, un alcaloide tropano cristalino: benzoilmetilecgonina, que llevaba
dando vueltas por Europa desde 1750. Freud se topó con este fármaco (ya que desde 1880 este alcaloide se encontraba inscrito en la lista oficial de drogas de la farmacopea de los EEUU) y fue en abril de 1884 cuando se aventuró a probarlo y así lo anotó en algunos ensayos realizados, tras leer los estudios americanos y no se debilitó su pluma a la hora de mostrar sorpresa pública al comentar que quedó maravillado con la publicación de Aschendbrandt. Tales eran las maravillas de este fármaco que decidió tratar a un amigo suyo con el alcaloide aislado por Niemann (su amigo era adicto a la morfina). Ese mismo año, alentado por Freud, su colega Koller decide investigar con esa sustancia en los ojos de las ranas y en el ojo humano, descubriendo sus propiedades como anestésico local. Desde entonces (1884) comenzó a emplearse en una gran cantidad de clínicas del mismo país como anestésico. En diciembre de ese mismo año.
Freud publica en St. Louis Medical and Surgical Journal las propiedades de este anestésico casi
a la vez que Hall y Halsted informan del bloqueo de transmisión de sensaciones tras la inyección de esta sustancia en un nervio. Realmente era una sustancia interesantísima: estimulaba el sistema nervioso central, suprimía el apetito, además, era posible su uso como anestésico tópico. A su vez, actuaba como recaptador de la serotonina, de la norepinefrina y de la dopamina (lo que le sirvió para ganarse el nombre de inhibidor de recaptación triple), además, mediaba la funcionalidad de dichos neurotransmisores comportándose como un ligando exógeno en el transporte de catecolaminas. ¡Era una maravilla para el ser humano! Anestesiaba, estimulaba el SNC y no sólo eso, sino que cruzaba la barrera hematoencefálica con refuerzo varias veces superior a muchas otras sustancias químicas con actividad psicoactiva. En 1885 Fleischel (el amigo al que Freud comenzó a tratar con esta
sustancia), gran consumidor del anestésico, describió una psicosis paranoide, posiblemente
de naturaleza tóxica: chinches de esta sustancia que se arrastraban hacia él. Surgen las primeras críticas hacia Freud, quien aseguraba que esta sustancia no generaba ningún mal. Comienza a calificarse al anestésico como "el tercer azote de la humanidad".
Poco a poco, Freud comienza a retractarse de sus elogios al anestésico, pero incrementa su consumo. Tal fue la repercusión de esta sustancia que hasta Sir Arthur Conan Doyle describió en El signo de los cuatro (1888) el consumo de este anestésico, por vía parenteral, en una de las hazañas del ilustre Sherlock Holmes.
En 1900 (aunque realmente fue en 1899), Freud, gran usuario y gran consumidor de la benzoilmetilecgonina , publica Die Traumdeutung, obra conocida en español como La interpretación de los sueños . Hasta 1903, cierta bebida muy comercializada en la actualidad, incluía 9 mg. de esta sustancia (algunos no saben que a día de hoy esta bebida contiene extractos no alcaloides de la misma). La bebida es Coca Cola y el anestésico al que me he referido reiteradamente y del que he relatado parte de su historia es la cocaína, sustancia ilegal, nociva y prohibida en todo el mundo salvo en algún país de Europa donde puede ser empleada como anestésico local.

Tras esta no caprichosa, pero sí superficial historia de la cocaína, retomaremos el tema que nos ocupa: los castigos.

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